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Constituciones y aborto Imprimir
Escrito por Fernando Pascual   
Domingo 07 de Septiembre 2008

BIOÉTICA

Image ¿Sirven las constituciones modernas para garantizar los derechos de todos? La experiencia nos dice, tristemente, que no.

Por Fernando Pascual/ Roma

¿Sirven las constituciones modernas para garantizar los derechos de todos? La experiencia nos dice, tristemente, que no.

Porque las constituciones nacen, muchas veces, desde la imposición de grupos de poder, deseosos de imponer sus propios intereses por encima de los derechos de otros. Porque otras veces una constitución se basa en un consenso más o menos frágil y abierto a muchas aplicaciones, incluso contradictorias. Y porque siempre existe el peligro de interpretar el texto constitucional desde ideologías que buscan dañar a los más débiles e indefensos.

Lo vemos claramente cuando se dice que una ley que permite el aborto de seres humanos en sus primeras 12 semanas respeta la norma constitucional. Afirmaciones y sentencias que digan lo anterior son una prueba patente de la debilidad del constitucionalismo moderno.

Nunca puede ser un «derecho» el destruir la vida del propio hijo. El primer paso para avanzar hacia una sociedad justa consiste en proteger la vida de todos. Y la palabra «todos» incluye a quienes todavía pesan unos pocos gramos y viven en el seno de una mujer (su madre), la cual necesita siempre apoyo emocional, asistencia médica y ayudas económicas.

Es triste constatar que haya jueces, a quienes se ha encomendado la tutela de los derechos de todos, capaces de aceptar y mantener en su aparente «legalidad» un delito que va contra el derecho básico a la vida, el aborto.

Para superar la injusticia del aborto despenalizado o legalizado, para construir estados y constituciones capaces de tutelar los derechos de los más débiles, nos queda la tarea de emprender el camino largo, pero eficaz, de formar a las nuevas generaciones en el conocimiento de los derechos humanos y en el compromiso por defender en todo momento, en todo lugar, las vidas de los hijos y de sus madres.

Sólo así podremos construir sociedades más justas, que superarán discriminaciones arbitrarias y que fomentarán ese respeto y ese apoyo que hacen de la vida humana una aventura hermosa y llena de esperanzas.

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