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ALACENA
Una importante batalla ha sido ganada por los promotores de la cultura de la muerte, pero la guerra no esta perdida, debemos seguir luchando para que el derecho a la vida en los concebidos no nacidos sea respetado.
Por Omar Árcega E.
«Yavé pregunto a Caín: ‘¿Dónde está tu hermano?’. Respondió: ‘No lo sé; ¿soy acaso el guardián de mi hermano?’». (Génesis 4, 9)
Al escribir estas líneas la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) está aprobando la constitucionalidad de la despenalización del aborto en el Distrito Federal. A los 12 mil 200 concebidos no nacidos asesinados hasta ahora se sumarán nuevas violaciones al derecho a la vida.
Una importante batalla ha sido ganada por los promotores de la cultura de la muerte, pero la guerra no esta perdida, debemos seguir luchando para que el derecho a la vida en los concebidos no nacidos sea respetado. Los promotores de la cultura de la vida tenemos claridad en lo siguiente:
1. No violentamos los derechos de las mujeres, son dueñas de su cuerpo, pero la unión de un óvulo y un espermatozoide no es parte del cuerpo de la mujer; ahí hay un código genético único, irrepetible, distinto al de la madre, es decir, una vida humana diferente, con metabolismo propio y nadie puede decidir sobre la muerte de otro ser humano.
2. Reconocemos el derecho de la mujer a no querer ser madre, pero este derecho no puede ser obtenido a través del asesinato de un inocente; para ello existe el proceso de adopción.
3. Los defensores de la vida católicos valoramos la castidad, intentamos vivir lo que consideramos un uso correcto de la genitalidad; sin embargo, respetamos a aquellos que optan por vivir su genitalidad de otra u otras maneras. Lo que exige la más elemental ética es que cada ser humano tiene libre arbitrio y debe tener el valor de afrontar las consecuencias de sus actos. Despenalizar el aborto para algunos casos será fomentar la irresponsabilidad sexual con el agravante que esto se hará mediante un asesinato.
La decisión de la corte generará una serie de consecuencias:
a) Se fomenta el machismo, pues se evita que el hombre asuma su responsabilidad en la concepción. Como consecuencia, sobre la mujer recae el afrontar la situación y los problemas de un embarazo no deseado; esto, de suyo, es injusto, es una forma de violencia contra la mujer. Ahora ya esta institucionalizado y promovido por la ley.
b) El Estado no está para juzgar creencias, sino para otorgar derechos. Lo aprobado por los magistrados es negar derechos a los no nacidos. Se realizó una peligrosa división: humanos con derechos y humanos sin derechos. Esto es un duro golpe para la construcción de una conciencia social sobre los derechos humanos. Estamos hablando de un retroceso en este aspecto, lo que fomentará un mundo más cruel e injusto.
c) La libertad es un valor y, como tal, sus frutos deben ser positivos. Cuando la libertad genera aspectos negativos estamos ante un libertinaje. El asesinar inocentes no puede ser fruto de la libertad. Tras este concepto se esconde la irresponsabilidad, el machismo y una violencia contra los derechos humanos y la mujer.
d) Algunos promotores de la cultura de la muerte han argumentado que la despenalización del aborto es “una pequeña batalla a favor de la democracia”. En primer lugar, recordemos que esta decisión se dio mediante un descarado mayoriteo en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal; en segundo lugar, se desechó un referéndum donde cada persona pudiera hacer valer su opinión respecto al tema. Pero quisiera referirme a un hecho más trascendente: una de las bases de la democracia es el reconocimiento de cierta igualdad de dignidad y derechos entre individuos; al establecer una distinción entre personas con y sin derechos, la misma raíz de la democracia queda dañada.
La SCJN se pronunció atendiendo a un solo aspecto: un mal entendido derecho de la mujer. No reconoció la vida humana existente desde el momento de la concepción. Esto fue un error cuyas consecuencias viviremos en los próximos años. Sin embargo, no todo está perdido: la batalla por el respeto a la vida de los no nacidos sigue. Como católicos y ciudadanos debemos levantar la voz por aquellos que no la tienen, debemos exigir justicia para los no concebidos no nacidos. Los esfuerzos que hagamos en este sentido ayudarán a construir una sociedad más humana, más noble y más justa. |