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Ley a favor de la muerte del no nato Imprimir
Escrito por Prisciliano Hernández Chávez, CROC   
Domingo 07 de Septiembre 2008

Image Los estudios actuales sobre el embrión humano han  llegado  a la conclusión de que éste  es un individuo de la especie humana, pues se tiene in situ todo el patrón genético...

Por el padre Prisciliano Hernández Chávez, CROC

Los estudios actuales sobre el embrión humano han  llegado  a la conclusión de que éste  es un individuo de la especie humana, pues se tiene in situ todo el patrón genético. Por eso es inaudito y escandaloso que por un positivismo jurídico supuestamente brillante y leguleyo, por ideologías egoístas y antivida, se apruebe la constitucionalidad del aborto en el DF. Nos sorprende que no se aplique  le geometría del derecho, la analogía de una ley que permita esclarecer otra que contenga cierta duda o confusión. Parece que  se miente jurídicamente sobre la pena de muerte, supuestamente prohibida para criminales y ahora permitida para inocentes nonatos. Este es el resultado de juristas formados en este positivismo jurídico y no en la filosofía de la persona capaz de fundamentar todo derecho y deber de modo objetivo, libre de planteamientos de partidos políticos que ofenden  la densidad ontológica de la persona.  Parece cerrarse la puerta constitucional al posible estatuto jurídico del no nato. ¿Cuál es entonces la función de la ley? ¿Cuál es entonces la misión del Estado? Si no se tutela y se legisla a favor de los más inocentes, desprotegidos y vulnerables, como son los aún no nacidos, pierde su razón de ser cualquier ley y el Estado mismo. Si es inaceptable el antisemitismo, también debería de ser inaceptable legalmente la postura  bebefóbica intrauterina. Se ha abierto paso a la neo-shoah de los tiempos recientes —holocausto de los inocentes—, en los nuevos campos de exterminio en los cuales se convertirán los hospitales públicos y privados. Esto  llena de horror y vergüenza.

¿Se obligará a los médicos, cuya misión es la defensa de la vida, a convertirse en carniceros con la bendición de la ley? ¿Cuál será ahora su estatuto legal para su defensa o estarán inermes y obligados legalmente a proceder contra su formación y conciencia? ¿No es tiempo de que ellos y el personal médico adjunto también tengan su defensa legal y hagan que exista constitucionalmente  ahora la objeción de conciencia? Y nosotros, los que amamos la vida del ser humano desde su concepción hasta la muerte natural, ¿nos quedaremos sólo cantando canciones de cuna como lo hacen las hijas de Teresa de Calcuta ante los cuerpecitos en los cuales el egoísmo, la debilidad y la saña de la tecnología pro-aborto los destazaron, porque no tenían lugar para ellos en el hogar o en el proyecto de vida de la mujer abortante? ¿Las facultades de medicina tendrán una especialidad en pro del aborto? ¿Habrán de expulsar a los alumnos que se nieguen a aprender y a practicar tales crímenes?

Es lamentable que los ministros hayan dado soluciones de escritorio, sin sentirse ellos mismos interpelados por la sabiduría misma de sus madres quienes estuvieron abiertas a la vida y por eso están en la suprema sede de justicia; ahora cargará ésta con la sangre de inocentes. Nadie puede negar su implicación ética en estos asuntos y salir impolutos porque también son miembros de la humanidad, ante una solución  que da paso inmediato a la generalización del aborto en las  legislaturas locales.

 A los nuevos Herodes y los nuevos Pilatos los ha puesto de moda la Suprema Corte. Las togas y los sueldos de los implicados estarán ahora salpicados de sangre inocente. Una jurisprudencia que permita el asesinato de los posiblemente reales mexicanos propiciará una nación sin futuro y agrandará el infierno en la sociedad.

La Legislatura y el Gobierno del DF, con su ley criminal, han llegado al nivel más bajo al cual puede abajarse la humanidad.  Los ministros de la corte dan pie para que más madres lleven por siempre el estigma real y psicológico de no haber realizado su vida como entrega y donación, punto culminante de la realización en la condición de personas.

A pesar del tufo de irracionalismo que campea a sus anchas en algunos políticos, juristas y grupos de presión pro aborto, hemos de luchar a corazón abierto y con inteligencia ilustrada, por defender la vida. ¿Estamos dispuestos a pagar con nuestras vidas, de múltiples formas,  por la defensa de los inocentes?

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