|
AL MARGEN…
Ha triunfado la razón, dicen, contra nuestros «obscurantistas» prejuicios. Y lo más vergonzoso es que hasta un comedido grupo de presuntos filósofos del prestigiado Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, principalmente, han ido presurosos a prestar su «ciencia» y sus firmas a esa mascarada.
Por Juan Carlos Moreno Romo
Ha triunfado la razón, dicen, contra nuestros «obscurantistas» prejuicios. Y lo más vergonzoso es que hasta un comedido grupo de presuntos filósofos del prestigiado Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, principalmente, han ido presurosos a prestar su «ciencia» y sus firmas a esa mascarada.
Les recuerdo, contra sus veinte páginas banales y superfluas, esto que escribió Pascal en la cruz de su dolor: «La ciencia de las cosas exteriores no me consolará de la ignorancia de la moral en los tiempos de aflicción, pero la ciencia de las costumbres me consolará siempre de la ignorancia de las ciencias exteriores.»
Asistido por tan encumbrados hacedores de argumentos, el PRD capitalino ha descubierto, pues, la vieja y harto problemática o desprestigiada bandera de la Ilustración. Nuestros progresistas van llegando al siglo XVIII, y ahora hasta resulta que es la izquierda la que defiende el grosero hedonismo y el individualismo burgués que nos enajenan; la transformación del ser humano en cosa eliminable.
En su éxtasis demagógico pervierten las conciencias de los más frágiles —las jovencitas desorientadas, las mujeres en situaciones difíciles…—, y se vuelven cómplices de los sinvergüenzas que se escabullen de sus responsabilidades, y, sobre todo, de quienes quieren y pueden sacar provecho de los jugosos negocios que así se les abren.
Si el prinosaurio se fue, si el presidente ya no tiene en el país todo el poder y no es la causa ya de todos los males de nuestra vergonzosa política, el «señor» o los «señores de este mundo» siguen ahí, chupando la sangre del pueblo, literalmente. |