|
DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA 
"Don Miguel Hidalgo, canonizado oficialmente como padre de la Patria, tenía que plegarse a las exigencias del partido liberal vencedor, y por consiguiente fue necesario desfigurar su imagen y hacer de su biografía una fábula al gusto de la facción imperante".
Son dignos de reflexión [aunque después haya quien los niegue a priori o a posteriori] los siguientes puntos de opinión de A. López Lara, extractados de su artículo «El cura Hidalgo y la francmasonería» (*): «Triunfante el partido liberal, procedió a formular una Historia de Méjico adecuada a sus intereses y que justificara sus actos y programas. Así nació nuestra historia ‘oficial’, cuya interesante elaboración recuerda a los antiguos egipcios, que al cambiar de dinastía destruían la historia de sus antecesores, para que ésta comenzase con el afortunado vencedor. Y también a nuestros antiguos indígenas, que al prevalecer sobre otro pueblo destruían implacables los monumentos del vencido, para que de él no quedara ni memoria.- Don Miguel Hidalgo, canonizado oficialmente como padre de la Patria, tenía que plegarse a las exigencias del partido liberal vencedor, y por consiguiente fue necesario desfigurar su imagen y hacer de su biografía una fábula al gusto de la facción imperante. Esta obra se elaboró y consumó durante la dictadura de don Porfirio Díaz.- Convenía hacer del Cura de Dolores un jacobino impío para poder colocarlo como tronco de la generación liberal imperante». Afirma este autor que don Gustavo A. Baz y don Julio Zárate tuvieron mucho que ver en hacer un Hidalgo «a la carta». «Por ese mismo tiempo —añade López Lara— don José María Mateos escribía su Historia de la masonería en México, y sin titubeo alguno redondeó la fábula afirmando que la primera logia del rito escocés que se fundó en Méjico fue en el año de 1806, en la casa número 4 de la calle de las Ratas, hoy Bolívar, habiéndose recibido masones, en ocasión a su fundación, el señor Cura de Dolores don Miguel Hidalgo, don Ignacio Allende y varias personas más.- Podríamos demostrar la falsedad de este aserto con diversas consideraciones de crítica histórica, pero, afortunadamente, el instituto masónico, si tuvo a un Don José María Mateos, también tiene a un Don Luis J. Zalce y Rodríguez, grado 33, que con pundonor y honradez de historiador muy encomiables, se encargó en desbaratar completamente el infundio». Los argumentos de don Luis J. Zalce y Rodríguez al respecto son dignos de leerse, pero no bastaría este espacio. (*) Sembradores de amistad. Monterrey, N.L., julio de 1962, año XIII, vol. XVIII, núm. 129, pp. 17-19. |