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DESDE EL VATICANO
Benedicto XVI reflexiona sobre la importancia de los santos para la vida cristiana.
Por Sandra Ramírez / Roma
Durante la Audiencia General, realizada desde el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo el pasado miércoles 20 de agosto, el Santo Padre explicó que la santidad no es meta imposible para el hombre normal, sino que es en realidad, «el destino común de todos los hombres llamados a ser hijos de Dios».
El Papa insistió en que no necesariamente un gran santo es aquel que posee carismas extraordinarios. La santidad se ofrece a todos y cada uno de nosotros de diferente manera. «De hecho, hay muchísimos cuyos nombres solo conoce Dios, porque en la Tierra han llevado una existencia aparentemente muy normal. Y son estos llamados santos ‘normales’ los que son habitualmente queridos por Dios», advirtió el Pontífice.
A continuación, citando los escritos de Hans Urs von Balthasar, Benedicto XVI ilustró cómo la vida y el testimonio de los santos representan para nosotros «una vía real de acceso a Jesús», actualizando en la vida diaria el mensaje más importante del Evangelio.
«Sólo cuando se está en contacto con el Señor», continuó Benedicto XVI, «se es reflejo de su paz y su alegría y se está en la posibilidad de difundir por doquier la serenidad, la esperanza y el optimismo».
Joseph Ratzinger alentó a los más de cuatro mil peregrinos congregados en el patio del Palacio Apostólico a cultivar el conocimiento y la devoción de los santos y les invitó a dejarse «atraer a la fascinación sobrenatural de la santidad».
Una vez más, el domingo 24 de agosto miles de personas se dieron cita en la plaza central de Castelgandolfo para rezar el Ángelus dominical. El Obispo de Roma recordó que la figura de Jesús es fundamental para todo cristiano pues es Aquel que nunca falla y nos conoce plenamente.
«Cristo es el verdadero ‘tesoro’ por el cual vale la pena sacrificarlo todo; Él es el amigo que nunca nos abandona porque conoce las esperanzas más íntimas de nuestro corazón»
Más adelante el Papa hizo también una reflexión sobre el apóstol Pedro y la misión de la Iglesia de «reunir en Cristo a la humanidad entera en una única familia». Benedicto XVI se dirigió a las presentes renovando su compromiso a la Iglesia y al mundo de anunciar y testimoniar la presencia de Dios en nuestro tiempo. |