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Escrito por Hugo Rodríguez Reséndiz   
Domingo 24 de Agosto 2008

MIGRANTES: UNA MIRADA CATÓLICA

Image Nuestra economía está íntimamente ligada a la de los Estados Unidos, y en aquélla los migrantes son uno de los motores.

Por  Hugo Rodríguez Reséndiz 

Al pensar en la migración hacia Estados Unidos, los que estamos en México cavilamos a ratos que este fenómeno se encuentra distante de nosotros. Pero de ninguna manera podemos decir eso, ya que las remesas de nuestros paisanos constituyen una de las fuentes principales de divisas para  nuestro querido país.

El término migrantes corresponde a un lenguaje que se aplica a todos los mexicanos, porque hay varias formas en las que aquellos hombres influyen en nuestro destino colectivo.

Nuestra economía está íntimamente ligada a la de los Estados Unidos, y en aquélla los migrantes son uno de los motores. Por lo que se tiene que valorar el que ambos países caminen juntos en el aspecto económico, pues de otro modo puede haber repercusiones negativas. En esta misma línea, nadie, prácticamente nadie se puede exceptuar de tener un familiar en Estados Unidos, ya sea alguien cercano, o quizá lejano, pero nuestras raíces también tienen parte de su historia en el «otro lado», en las personas que decidieron irse a laborar allá.

Ahora bien, si consideramos que millones de mexicanos viven de aquel lado, al menos por condescendencia cada vez que pasa un desastre natural o un acto de terrorismo nos preocupamos, porque tenemos allá familiares, porque nuestra vecina también, porque nuestros padres también.
Muchas familias dependen exclusivamente de las remesas que mandan sus familiares: para alimentación, vestido, servicios, educación, esparcimiento, salud. Y eso, necesariamente, repercute en la activación de la economía local.

Y nuestros gobernantes no pueden cerrar los ojos ante tal realidad, pues ellos saben que, en reiteradas ocasiones, las remesas son mucho, pero mucho más efectivas que los programas sociales que se implementan en el combate a la pobreza y todos los derivados.

¿Y qué pasa cuando hay inculturación, cuando se mezclan dos culturas como la mexicana y la estadounidense? Porque los mexicanos ya hemos adoptado un lenguaje que nos viene por medio de nuestros migrantes que regresan, como la palabra show o el vicioso OK (si fuésemos ciudadanos cubanos comprenderíamos mejor esta situación). Justamente, las culturas se fusionan, se homogenizan, y los migrantes ponen siempre su granito de arena.

En ningún sentido podemos desear que el ramo de la construcción tenga un decremento en EU, cuando se sabe que nuestros connacionales se ocupan en este ramo laboral; y no se puede pensar en una depresión en los precios de los alimentos agropecuarios estadounidenses, pues se tiene conocimiento de que el campo es justamente donde muchos migrantes trabajan.

Así pues, si la migración nos interpela, nosotros ¿cómo vamos a responder a ese llamado?, ¿qué vamos hacer para resolver los problemas de nuestros connacionales?

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