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LOS MENSAJES DE SAN PABLO
Difícil sería determinar cuál época de la humanidad ha sido más mala. Conocemos por la historia incontables ejemplos de crueldad y barbarie que hoy nos escandalizan. Sin embargo, nuestra época no se queda atrás...
Por Walter Turnbull
Difícil sería determinar cuál época de la humanidad ha sido más mala. Conocemos por la historia incontables ejemplos de crueldad y barbarie que hoy nos escandalizan. Sin embargo, nuestra época no se queda atrás, pues, a pesar de conocer a Cristo y condenar esas atrocidades, hemos hecho poco o nada para erradicarlas. Los últimos papas, desde Pío XII hasta Benedicto XVI, han apuntado que nuestra situación es particularmente delicada porque hemos perdido la conciencia del pecado.
Muchas señales de los tiempos indican que en lugar de avanzar vamos en retroceso. Muchos colaboran con el mal con singular desenfado. Algunos cierran los ojos y pregonan que todo va bien. Otros se espantan y se deprimen o se desesperan.
A san Pablo le tocó vivir en un mundo muy parecido al nuestro. Tal parece que nos hubiera conocido a través del tiempo y estuviera hablando de nosotros: «Porque muchos viven como enemigos de la cruz de Cristo [...]. La perdición los espera; su Dios es el vientre, y se sienten muy orgullosos de cosas que deberían avergonzarlos. No piensan más que en las cosas de la tierra» (Flp 3, 18-19).
«Desde el cielo nos amenaza la indignación de Dios por todas las maldades e injusticias de aquellos que sofocan la verdad con el mal. [...] A pesar de que conocían a Dios, se perdieron en sus razonamientos y su conciencia cegada se convirtió en tinieblas. [...] Por eso Dios los abandonó a sus pasiones secretas; se entregaron a la impureza y deshonraron sus propios cuerpos. [...] Los hombres, asimismo, dejan la relación natural con la mujer y se apasionan los unos por los otros; [...] Ya que juzgaron inútil conocer a Dios, Dios a su vez los abandonó a los errores de su propio juicio, de tal modo que hacen absolutamente todo lo que es malo. [...] Conocen las sentencias de Dios y saben que son dignos de muerte quienes obran de esa forma. Pero no solamente lo hacen, sino que aprueban a los que actúan de igual modo» (Rm 1, 18-32).
Pero san Pablo no se acobarda ni pierde la esperanza, sino que se lanza, y nos impulsa a nosotros, a poner nuestra parte para transformar este mundo perverso por medio del Evangelio de Jesús, aunque a veces todo parezca en contra y sin remedio. «Cumplan todo sin quejas ni discusiones; así no tendrán falla ni defecto y serán hijos de Dios sin reproche en medio de una raza descarriada y pervertida. Ustedes son luz en medio de ellos, como las estrellas en el universo, al presentarles la palabra de vida» (Flp 2, 14-16). |