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El aborto inducido y el daño que causa en la mujer PDF Imprimir Correo
Escrito por Jorge E. Traslosheros   
Domingo 17 de Agosto 2008

OBRAS Y RAZONES

ImageQuienes promueven el aborto inducido utilizan diversos argumentos para justificarlo y que se resumen en uno solo: el aborto es un bien objetivo para la mujer.

Por Jorge E. Traslosheros

Quienes promueven el aborto inducido utilizan diversos argumentos para justificarlo y que se resumen en uno solo: el aborto es un bien objetivo para la mujer. Tal aserto ha sido su caballito de batalla desde hace más de cuarenta años, desde que en Europa inició el debate abierto sobre el tema, que no su práctica establecida en el siglo XX por los regímenes totalitarios, comunistas y fascistas, de «izquierda» y de «derecha» por igual. Hoy podemos decir que, sin duda alguna, la afirmación es falsa. Por desgracia, en México y en el mundo es algo de lo que todavía no se habla con suficiente fuerza, una realidad que todavía debe permear en la opinión pública y en los círculos de toma de decisiones. Contra tal afirmación tenemos la obligación de argumentar desde la razón. En México, por fortuna, contamos con los estudios de Maria del Carmen Alva y de Rosario Laris publicados recientemente en la obra El debate por la vida: reflexiones en torno al aborto, la vida, la libertad y la esperanza.
 
Rosario Laris, médico especialista en salud pública, se aboca a demostrar la falsedad de cuatro argumentos que usualmente se utilizan: que legalizar el aborto disminuye las muertes maternas, que reduce su incidencia, que en México es una de las principales causas de muerte de las mujeres y, que no tiene consecuencias para la salud física y mental de la mujer. Pues bien, de manera clara y sobre la base de la evidencia que aporta la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de estudios comparativos realizados en India, Rusia, Polonia, Irlanda, Chile, Guyana, Nueva Zelanda, España, Inglaterra, Gales, Bolivia y Haití, entre otros países, nos demuestra que no existe relación alguna entre aborto y disminución de muertes maternas, sino que su abatimiento depende de que los gobiernos canalicen recursos a la atención de las mujeres embarazadas y no al aborto; y que ahí donde se ha legalizado su práctica existe un aumento constante en su incidencia, es decir, que implica su promoción por parte de los gobiernos que legislan en tal sentido, con total independencia de la buena voluntad de los gobernantes y los ciudadanos. Por otro lado, Laris también nos demuestra, sobre la base de la información aportada por el INEGI, la Secretaría de Salud federal y de la ciudad de México, que en nuestro país el aborto provocado o clandestino no es una de las principales causas de mortalidad de las mujeres. Por último, sobre la base de diversos y muy recientes estudios publicados en las principales revistas científicas del mundo, la especialista afirma que la existencia del Síndrome Post Aborto (SPA) es mucho más que una simple hipótesis.

Por su parte, Maricarmen Alva se ha dedicado desde hace veinte años a la atención de mujeres que han abortado o que se encuentran en situación de aborto. Su amplia experiencia le llevó a fundar, hace ocho años, el Instituto IRMA especializado en la atención de mujeres que sufren del SPA. Años de estudio y de manejo directo del problema le permiten afirmar que este síndrome implica la imposibilidad de procesar la angustia, miedo, coraje, tristeza y vergüenza alrededor de la experiencia del aborto, lo que puede provocar ya sea depresión, aislamiento, trastornos de alimentación (bulimia, anorexia, obesidad, etc), disfunciones sexuales, relaciones destructivas, maltrato familiar, propensión al suicidio, entre otros treinta padecimientos. Un muy serio problema que no está asociado ni a las creencias religiosas de la mujer, ni a su previa salud mental o equilibrio afectivo, como tampoco a su nivel cultural. Es decir, el aborto inducido causa daños múltiples y objetivos en las mujeres que son sometidas al procedimiento. Por cierto, también nos demuestra que el SPA puede afectar y afecta a los hombres, familiares y amigos que participaron en la experiencia, así como al personal de salud –médicos, enfermeros, etc- que se exponen cotidianamente a su práctica.
No nos llamemos a engaño. La evidencia que nos aportan los especialistas de México y del mundo demuestra más allá de toda duda que el aborto inducido, sea legal o ilegal, practicado en hospitales de ensueño o en clínicas clandestinas, por personal especializado o por simples oportunistas, causa diversos daños físicos, psicológicos, espirituales y de sociabilidad en las mujeres.

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