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Por Se hace mucho énfasis en el alcoholismo, que es una enfermedad. Sin embargo, quienes padecen alcoholismo son alrededor del 10% de la población, mientras que quienes consumen alcohol en exceso llegan hasta el 25%.
Estos bebedores excesivos acaso nunca lleguen a manifestar alcoholismo como enfermedad, pero lo más probable es que ya estén en una de las etapas medias de ésta. La línea que separa una situación de la otra es muy delgada, y las consecuencias para la persona, su familia y la sociedad son muy cercanas. Más todavía: aun en el caso de bebedores moderados, una sola borrachera los expone a riesgos graves y a eventos con consecuencias irreversibles. El enfermo alcohólico necesita un tratamiento en el que, idealmente, intervengan el médico, el psicólogo, el sacerdote y un grupo de apoyo, preferentemente un grupo de Alcohólicos Anónimos, cuyo historial de éxito en la rehabilitación —no curación, que no la hay— de estos enfermos es innegable.
Las campañas de prevención, así como los consejos o exigencias de las personas cercanas a los alcohólicos son inútiles, porque ellos han llegado a un punto donde la voluntad fracasa frente al alcohol. En cambio sí pueden tener eficacia cuando se trata de bebedores moderados —para que se cuiden de mantenerse ahí— y de bebedores excesivos —para que tomen la decisión de dejar de serlo—. Claro, intervienen la decisión de la persona, su autoestima, su capacidad de enfrentar problemas.
Tipo de bebedor:
Abstemio Nunca toma o sólo en circunstancias especiales. Bebe hasta una copa al año. No llega a la embriaguez. Si no hay alcohol, puede disfrutar igualmente.
Moderado Bebe hasta tres copas por ocasión (24 horas). Bebe hasta once copas en una semana. No llega a la embriaguez. Si no hay alcohol, puede disfrutar igualmente. No tiene problemas por su forma de beber. No bebe en situaciones de riesgo, como antes de conducir vehículos.
Excesivo Bebe más de tres copas por ocasión. Bebe más de once copas en una semana. Con frecuencia llega a la embriaguez. Si no hay alcohol, no disfruta la reunión o fiesta. Ha tenido problemas individuales, familiares, escolares, laborales o sociales a causa de su forma de beber. Ha abandonado sus responsabilidades o las ha cumplido a medias como consecuencia de su forma de beber. Hace a un lado actividades y placeres alternativos por beber. Fácilmente se involucra u ocasiona accidentes, riñas o actos de violencia.
Alcohólico Bebe más de tres copas por ocasión. Bebe más de once copas en una semana. Casi siempre llega a la embriaguez. Si no hay alcohol, no disfruta la reunión o fiesta. Ha tenido frecuentes problemas individuales, familiares, escolares, laborales o sociales a causa de su forma de beber. Ha abandonado sus responsabilidades, ha perdido trabajos como consecuencia de su forma de beber. Hace a un lado actividades y placeres alternativos por beber. Fácilmente se involucra u ocasiona accidentes, riñas o actos de violencia. Experimenta incapacidad para abstenerse del alcohol. Al beber se le despierta una compulsión física, aunada a una obsesión mental que le impide controlar cuánto beber. Presenta el síndrome de supresión que indica dependencia física.
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Nota.- Una copa es una medida estándar de bebida, no importa cuál sea —aproximadamente 12 gramos de alcohol—: un caballito de tequila, un tarro de cerveza, una copa de vino… Fuente: FISAC, Fundación de Investigaciones Sociales, A.C. FISAC se constituyó en 1981 con el fin de apoyar acciones en beneficio de México en los ámbitos de salud y cultura, y tiene como misión promover el conocimiento y la responsabilidad respecto a las bebidas con alcohol para una mejor convivencia social. |