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COLUMNA ABIERTA 
Terminaron las vacaciones y despertamos con un gran disgusto: los libros de biología de la SEP para primero de secundaria volvieron a salir con las mismas aberraciones.
Por Walter Turnbull Terminaron las vacaciones y despertamos con un gran disgusto: los libros de biología de la SEP para primero de secundaria volvieron a salir con las mismas aberraciones: falta de cientificismo, ataques a la moral, desprecio a la voluntad y a las creencias del pueblo, adoctrinamiento ideológico, agresión a la familia, ignorancia en materia de salud social, violación de la libertad de culto, información parcial, oposición a la autoridad paterna... Habríamos deseado que con un gobierno no enemigo de la Iglesia estas cosas ya no pasaran. Habríamos esperado que con una persona como la Lic. Vázquez Mota al frente de la SEP las fallas se corrigieran. Habríamos anhelado que nuestro gobierno estatal vetara el uso de esos libros en nuestras escuelas. Oh, decepción. No sucedió nada. O no quisieron o no pudieron. Hemos de aprender que perfecto sólo Cristo y santa sólo la Iglesia. A todos los demás los podemos apreciar mucho pero no confiar en ellos enteramente. Después de todo, la historia de México, aunque en estos últimos años ha habido algunos avances, es una larga lista de fracasos en el intento de corregir las lacras de la administración anterior. ¿Qué tendría que pasar? Una visión idílica sería que los católicos (85% de los mexicanos) ejercitáramos algún tipo de resistencia civil para bloquear la difusión de este material nocivo: no mandar a los hijos a la escuela el día que les toque ver ese capítulo; educar a los hijos para que en la misma clase manifiesten su masiva desaprobación ante el maestro; generar material alternativo para que se estudie en vez o, al menos, además de el del libro oficial; manifestar nuestro disgusto con mensajes al maestro, al director, a la SEP, al gobernador, al presidente... Otra opción más viable es buscar y apoyar cualquier iniciativa o movimiento (que ya los hay) dirigido a solventar este problema. Afortunadamente nunca falta alguien más inteligente que uno que organiza algo efectivo y realizable. Por lo pronto, lo que seguramente todos podemos hacer es aprovechar esta ocasión para acercarnos a nuestros hijos, hablar con ellos, preguntarles qué les están enseñando, presentarles nuestro punto de vista, enseñarles la doctrina católica, compartirles nuestra experiencia, aleccionarlos para el debate... En este sentido, los libros pueden ser un magnífico temario para la exposición de la moral cristiana sobre sexualidad. Y finalmente, claro, seguir trabajando para que algún día tengamos un gobierno que sea realmente representativo y garante de nuestro bien; y también eso enseñárselo a nuestros hijos. |