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RINCÓN DE LECTURA
...que siempre hay camino para el cambio hacia Dios y que existen criaturas tocadas por la Gracia que el Espíritu Santo escoge para esparcir la buena nueva del Reino de Dios entre los hombres.
Por Jaime Septién
Lo primero que uno se pregunta de este relato de María Vallejo Nágera es si se trata de una novela de ficción o de un reportaje periodístico novelado. Con ciertas imperfecciones y algunos descuidos de tiempo, la autora, nacida en Madrid en 1964, trae a la luz una joya de la conversión del corazón de la mano de un viejo gángster británico llamado Albert Michael Wensbourgh (seguramente un pseudónimo del personaje central).
Pasado de horrores Albert Michael habría nacido en 1946, en un pueblito de la zona rural de Inglaterra. Tras una infancia espantosa, sin padre y con una madre demasiado pobre como para mantenerlo, fue criado en orfelinatos hasta que, a los 15 años, encontró trabajo. Víctima de constantes violaciones (sexuales y psíquicas), acabó condenado a pasar 25 años de prisión por robo a mano armada. Cumplió 8 años de esa condena (de 1992 a 2000), mientras que antes había estado 6 años en la cárcel por otros delitos. Total: 14 años en las prisiones más duras, más lúgubres, más desalmadas del Reino Unido. Pero un hecho extraordinario lo iba a cambiar todo. Tanto así que al salir de la cárcel, lo primero que hizo Albert Michael fue introducirse a la vida de un monasterio benedictino.
El visitante de la noche Según el relato de María Vallejo-Nágera, corroborado por una pequeña serie de fotografías y dibujos del personaje en cuestión, a las 2:20 de la madrugada del 1 de enero de 1997, un ángel visitó su celda, tocó su corazón, le marcó el camino de la santidad y le abrió sus labios para que contara al mundo que el amor de Cristo es posible, aún en las almas y en los lugares más oscuros de la civilización humana.
El ángel le indicó que leyera Isaías 6, 6-7 (Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar. Tocó mi bocas y dijo: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa. Tu pecado está expiado). Desde ese momento, Albert Michael fue el gran confidente de los reos, sus compañeros, una especie de testimonio de que Dios existe incluso detrás de las rejas y en medio de la desesperanza.
Una corta vida para amar Aunque narrado en primera persona, no es un reportaje, ni es una especie de confesión de la autora. Es una suerte de novela-realidad que deja a todo el que quiera leerla un grato sabor de boca: que siempre hay camino para el cambio hacia Dios y que existen criaturas tocadas por la Gracia que el Espíritu Santo escoge para esparcir la buena nueva del Reino de Dios entre los hombres.
Albert Michael Wensbourgh murió 2002, en el monasterio donde estuvo sus últimos dos años de vida. No dejó ningún testimonio sobre los secretos de su mensajero de la noche. Pero sí vivió lo suficiente para mostrarle a los reos de todo el mundo (cada uno tiene su cárcel) que en el peor de los abandonos hay Alguien que nunca abandona; Alguien que ama a sus hijos con un amor arrebatador, inmenso, que la justicia del hombre no conoce ni conocerá jamás.
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Vallejo-Nágera, María, Un Mensajero en la Noche, Belacqva, Barcelona, 2006, 253 pp. |