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LOS MENSAJES DE SAN PABLO
Somos elegidos, igual que san Pablo, a llevar esta noticia al mundo. Será fascinante hacer un repaso a estos importantes y hermosos mensajes.
Por Walter Turnbull
Difícil sería calcular cuánto de la doctrina cristiana proviene de los mensajes de san Pablo, pero seguramente sería un porcentaje bien alto.
En san Pablo tenemos un hombre a quien Cristo mismo le sale al encuentro y le revela todo lo relativo al misterio de la salvación. A partir de ahí, su celo evangelizador lo lleva a todos los rincones del mundo conocido para ganar almas para Dios. Fruto y muestra de esta amorosa preocupación son sus cartas, tesoros de amor y de sabiduría con que Pablo trata de instruir, reprender o animar a sus «hijos en la fe», constantemente amenazados por persecuciones, tentaciones y doctrinas falsas.
Y es así como ese «Misterio escondido desde siglos y generaciones, y manifestado ahora a sus santos» es revelado a sus discípulos y heredado a nosotros. Hoy lo tenemos como el «tesoro de la Verdad» confiado a la Iglesia en la Escritura y en la tradición.
Gracias a san Pablo hoy sabemos, entre muchas otras cosas, que el hombre, por su naturaleza caída, es esclavo del pecado que conduce a la muerte; que el mundo sin Dios no es puro e inocente, sino lleno de maldad; que Dios ama al hombre a pesar de todo y que desde antes de la creación del mundo nos llamó a ser santos; que nos salvó no por mérito nuestro, sino por su Gracia, por medio de Cristo que se entregó por nosotros en la Cruz, y ahora, si nos enorgullecemos, es únicamente de la Cruz.
Sabemos que Él sale a nuestro encuentro y nos invita a una reconciliación con Dios y a una vida nueva semejante a la de Él y a una gloria eterna por la acción del Espíritu Santo que habita en nosotros y nos hace Hijos de Dios.
Sabemos que al final hay un juicio y una recompensa tanto para el bien como para el mal.
Sabemos que Dios revela su inalcanzable sabiduría a los humildes y que las vanidades del mundo son nada comparadas con la gloria que Cristo nos ofrece: los frutos de la carne son opuestos a los frutos del Espíritu. Ahora tenemos que vivir sólo para Dios, en la unidad, en la verdad, en la Iglesia, que es su cuerpo; que Él nos da fuerzas para luchar contra el pecado; que el amor es lo único perdurable y nos lleva a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos; y que somos elegidos, igual que san Pablo, para llevar esta noticia al mundo.
Será fascinante hacer un repaso a estos importantes y hermosos mensajes. |