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LA CIENCIA ANTE LA FE
Es frecuente oír (y ver, desde luego) en la televisión o leer en los diarios o en los famosos «documentales científicos» que la religión está siendo desplazada por la ciencia.
Por Adolfo Orozco Torres
Es frecuente oír (y ver, desde luego) en la televisión o leer en los diarios o en los famosos «documentales científicos» que la religión está siendo desplazada por la ciencia. En las escuelas, sobre todo en las públicas, es común hablar del «conflicto entre la ciencia y la religión». Lo mismo sucede, y tal vez con más frecuencia, en las universidades, y es tema de conversación en los cafés, las casas, etc. Según esto, cuando la ciencia avanza, la religión retrocede, y entonces, dado el prodigioso y acelerado avance de la ciencia, los ateos y materialistas festejan a bombo y platillo que en un futuro próximo la religión va a desparecer y que la humanidad será feliz y dichosa bañada por la luz inigualable de la ciencia y libre de dogmas y ataduras éticas.
Pero no lo crean. Eso mismo vienen diciendo desde hace casi doscientos años, y la verdad es que cuando uno ve las multitudes que se congregaban para oír a Juan Pablo II antes y a Benedicto XVI ahora; cuando uno ve que, en Rusia, después de más de sesenta años de un gobierno dictatorial y asesino como ninguno (más que el de Hitler), al desplomarse la Unión Soviética y eliminarse las restricciones al culto religioso, las iglesias y catedrales de diferentes denominaciones vuelven a llenarse de fieles, todos ellos «educados» en una rígida y obligatoria «educación marxista leninista» que consideraba la religión como el opio del pueblo; no puede uno menos de preguntarse si realmente la religión está despareciendo.
Galileo, ferviente católico
Si uno pretende defender la armonía entre ciencia y religión, inmediatamente la sacan a relucir al caso de Galileo. «La Iglesia —dicen— siempre ha sido enemiga del avance científico, y si no lo crees ve el caso de Galileo, lo persiguieron y lo torturaron y lo obligaron a retractarse de sus avances científicos, porque enseñaba una verdad que no le convenía a la Iglesia». ¿Galileo fue juzgado? Sí. ¿Fue condenado? Sí. Luego ¿él estaba contra la Iglesia? Pues no. Galileo fue un ferviente católico hasta su muerte y de su puño y letra escribió a la Gran Duquesa Cristina: «La realidad del mundo se expresa dualmente en el libro de las Escrituras y en el de la naturaleza, y estos dos grandes libros no pueden contradecirse uno a otro, porque Dios es el autor de ambos». Yo me permito concluir: no es Dios o la ciencia quienes se contradicen, son los científicos o los teólogos los que mal interpretan lo que dicen los otros.
Mejor no hacer caso
Y este es el punto central del asunto: Si Dios existe y Dios creó el mundo, el estudio de la naturaleza no debe alejarnos sino acercarnos a la contemplación de la maravilla de la creación. Así pues, la ciencia objetiva y sin prejuicios, cuando se hace con honestidad intelectual, no puede menos que acercarnos al creador de la misma. Entre ciencia y religión no puede haber conflicto. Cuando la ciencia se mete a campos que no le competen o hace experimentos que atentan contra la dignidad del ser humano, como en el caso de la manipulación genética, si entra en conflicto con la fe, pero no por la actividad científica, sino por el uso inmoral que se hace de estos conocimientos.
Así pues podemos estar tranquilos y no hagamos caso de esos cantos de sirena que anuncian la desaparición de la Iglesia y de la fe. |