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Escrito por Jaime Septién   
Domingo 20 de Julio 2008

PÓRTICO

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Aquél que los medios vaticinaban que iba a vaciar las plazas, llena los estadios; aquél que le iba a dar la puntilla a la tambaleante nave de Pedro, la lleva con mano firme, amorosa y con un toque de humor entrañable que lo ha hecho tan cercano a los jóvenes...

Por Jaime Septién

Con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebra esta semana en Australia, la prensa mundial —y por contagio la prensa nacional, incluso la local—se ha mostrado «preocupada» por la salud del Papa. No han faltado los rumores de que está débil, enfermo, cansado, a la deriva, que ya no gobierna, que la Iglesia se hunde, que ya debería renunciar, etc.

Primero, una cuestión de ponerse en los zapatos del otro: un viaje en avión de 16 horas, cambio de verano a invierno (en Australia lo es), cambio de uso horario, cambio de día, de alimentación, de atmósfera, encuentros con más de un millón de personas, conferencias de prensa, asedio de los medios, responsabilidad de una Iglesia que congrega a mil 200 millones de personas, 81 años de edad: ¿qué quieren: un atleta olímpico?

Lo peor para estos medios (que de preocupación real no tienen nada, mientras más muestras de debilidad dé el Papa, mejor) es que Benedicto XVI está formidable. Aquél que los medios vaticinaban que iba a vaciar las plazas, llena los estadios; aquél que le iba a dar la puntilla a la tambaleante nave de Pedro, la lleva con mano firme, amorosa y con un toque de humor entrañable que lo ha hecho tan cercano a los jóvenes como su (y nuestro) amado antecesor Juan Pablo II; aquél que iba a «encerrar» el catolicismo en los dogmas y la intransigencia, resulta que ha abierto ventanas insospechadas para que la Iglesia católica siga mostrando al mundo el esplendor de la Verdad.

Los sesudos analistas han fallado —y seguirán fallando— en todo. Por la simple razón que son ciegos a la Gracia. El trabajo del Espíritu Santo no les incumbe. El Amor de Dios expresado en la acción de la Iglesia les queda grande. Ellos —los analistas— están para difundir las causas del odio; las del amor, cosa de beatas seguramente, no es «noticia». El dicho sarcástico de «si sangra, vende» que corre en los pasillos de la prensa, sigue tan campante.

Lo preocupante es que millones les hacen caso. Entre ellos muchos católicos devotos. Es el poder de los medios al que solamente se le puede enfrentar con el poder indestructible de la fe y la razón; de la fe informada: de la cultura católica.


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