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Remembranza en los 105 años de su fallecimiento
Por J. Jesús García y García
Sobre el sepulcro de León XIII, en San Pedro de Roma, hay un monumento funerario, una de cuyas figuras escultóricas representa a un trabajador. No podía ser de otra manera por tratarse del llamado «Papa de los trabajadores» (apodado también «El Papa social»). Su encíclica más celebrada es, con mucho, la denominada Rerum novarum (las cosas nuevas), que, emitida el 15 de mayo de 1891, fue un «garbanzo de a libra» en la cuestión laboral de aquel tiempo, con gran repercusión en el decurso histórico.
Como tarea y programa de su pontificado iniciado el 20 de febrero de 1878, León XIII (en el siglo Joaquín Pecci, n. Carpineto, 1810 – + Roma, 1903) se propuso —dice Bernhard Ridder— la conciliación entre la Iglesia y la cultura moderna (ver su primera encíclica, Inscrutabili Dei consilio, de 21 de abril de 1878). Emitió muchas otras magníficas encíclicas; por ejemplo: Diuturnum ilud, acerca del origen del poder civil; Immortale Dei, sobre la constitución cristiana de los Estados; Libertas praestantissimum, acerca de la libertad civil; Sapientiae christianae, acerca de los deberes de los ciudadanos cristianos, y Graves de communi, por la cual insiste en la compatibilidad de una democracia moderada con la doctrina católica. En otra clase de temas, produjo las encíclicas Cum hoc sit, por la que nombra a Santo Tomás celestial patrono de las escuelas católicas, y Arcanum illud, acerca del matrimonio cristiano. Y quedan pendientes de mencionar muchos otros documentos que dan idea de la importancia que tiene León XIII en la historia eclesiástica. En su famosa Rerum novarum —nos alecciona Jean-Charles de Fontbrune— «ataca tanto al capitalismo, que en aquella época mantiene a las clases trabajadoras en una miseria escandalosa, como al comunismo, que propone soluciones sólo aptas para esclavizar a dichas clases en provecho de una oligarquía más o menos anónima». En términos llanos, su encíclica rechazaba la lucha de clases como medio de solucionar la pobreza y la opresión. Entendió que «ni el capital puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital». Resaltaba la dignidad y libertad de la persona, cuyo trabajo debía ser correspondido por un salario justo no sujeto exclusivamente a las leyes del mercado.
Durante el pontificado de León XIII la francmasonería endureció notablemente su anticlericalismo. En 1880 la III República Francesa promulgó una ley contra las congregaciones religiosas. En 1882 otra ley suprimió la instrucción religiosa obligatoria. En Alemania y en Italia se promulgaron también leyes inspiradas por las logias masónicas en contra del clericalismo. Ante ello, el 20 de abril de 1884 León XIII publica la encíclica Humanum genus, en la que condena a la francmasonería con mayor vigor que el que habían empleado en ello algunos de los papas anteriores.
Este fue el primer papa que abrió las puertas de la biblioteca del Vaticano a los historiadores, de cualquier confesión que fuesen, poniendo a su disposición un conocimiento indispensable, ya que dicha biblioteca guardaba documentos capitales para el estudio de un gran número de acontecimientos históricos.
León XIII alcanzó una edad de más de noventa y tres años; durante sesenta y cinco años había sido presbítero; durante sesenta, obispo; durante cincuenta, cardenal, y durante veinticinco años y cinco meses, sumo pontífice. |