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MIGRANTES: UNA MIRADA CATÓLICA

Dentro de los procesos históricos que ha tenido la humanidad, las migraciones ocupan un singular lugar, pues sea por conflictos bélicos, por colonización de lugares desconocidos, o la huida debido a cambios climáticos, el hombre ha buscado hacer suyos otros lugares.
Por Hugo Rodríguez Reséndiz
Dentro de los procesos históricos que ha tenido la humanidad, las migraciones ocupan un singular lugar, pues sea por conflictos bélicos, por colonización de lugares desconocidos, o la huida debido a cambios climáticos, el hombre ha buscado hacer suyos otros lugares.
En este sentido, observamos que hay dos caracterizaciones del migrante: el dominante y el dominado; del primero podemos decir que es aquel que llega e impone a los lugareños todo el arrastre cultural, político y social que trae consigo, y que siempre reacomoda las estructuras (como lo hicieron nacionales de España, Portugal, Inglaterra, Francia, etc., en diversos países); en el otro, se encuentran los forasteros que, tras el movimiento de su lugar de origen a uno nuevo, llegan, pero, en lugar de imponer su cultura, se ven sometidos por la que ya se encuentra establecida en aquel lugar a donde llegaron. En cualquiera de los dos casos la migración modifica al hombre en su ser social.
La ocupación de un lugar en donde nunca antes se ha estado acarrea novedades para los hombres, desde hábitos hasta economía, desde moral hasta deportes, desde lenguaje hasta adaptación corporal, gustos, etc.
Ahora bien, la migración, considerada como el desplazamiento de personas, es un tema importante para la sociedad, puesto que de alguna manera este fenómeno nos afecta en cierta medida. Esta condición del ser humano afecta a gran parte de los hombres sobre el orbe, por lo que se ha convertido en un tema global.
A pesar de que regularmente la migración trae beneficios directos para los países, ella misma se convierte en un problema general, y, paradójicamente, pocos países se ocupan de ella: en menor medida la encaran con políticas que favorezcan a las personas que deciden partir de su tierra, dejando a la familia atrás.
Por lo dicho, la migración se ha convertido en un estigma que desfavorece a la gente.
Las estadísticas nos muestran cómo ha ido evolucionando la migración, y cómo es que ella ha traído una cadena de cambios. Podemos ver en esos datos cifras que nos interpelan y que nos ayudan a ver el panorama de la situación actual.
Las innovaciones que se palpan por la migración concluyen siempre en modificaciones en las estructuras sociales, en la moral, en la religión. A decir verdad, la migración no sólo es un fenómeno global, sino globalizador.
El efecto homogenizador en el que concluyen las migraciones hace que poco a poco el hombre cambie en las relaciones sociales.
Y más a nosotros, los mexicanos, que esta situación no nos es ajena, pues mucha gente de estos lugares decide irse, mayoritariamente, a Estados Unidos, adquiriendo una condición de migrante.
¿Cuáles son las razones por las que los mexicanos deciden ir a nuestro vecino país del norte?
En general, las personas van de un lugar a otro con el proyecto de establecer una residencia, esto es, para alcanzar un mejor bienestar para ellos y para sus familias.
Un gran número de personas migran para laborar, o bien para ganar dinero; pero no podemos olvidar a los que estudian fuera de su país, o los que son desplazados por razones políticas, sociales, o acaso aquellas personas que son literalmente arrancadas de sus tierras para aprovechar su intelecto en otros lugares.
Por lo tanto, el fenómeno migratorio es cosa de analizar, sobre todo por nosotros los mexicanos. |