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Claro Mayo Recto (1890-1960) PDF Imprimir Correo
Escrito por Sebastián Sánchez   
Domingo 09 de Septiembre 2007

DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA

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Recto perteneció al grupo de escritores nacidos a finales del siglo XIX que configuraron la  «Edad de oro» de la literatura filohispana.

Por Sebastián Sánchez

Político y pensador filipino. Claro Mayo Recto es una figura señera de la literatura filipina de habla hispana. Estudió en el Ateneo Municipal de Manila, donde recibió su bachillerato en artes. Poco después ingresó en la Universidad de Santo Tomás donde terminó sus estudios en derecho en 1913. Desde antes de doctorarse, Mayo Recto incursionó en la política, en la que sirvió como Senador y Presidente del Tribunal Supremo. Asimismo, fundó y dirigió el Partido Nacionalista filipino en el que pugnó por recuperar la identidad de su nación. En efecto, en Filipinas, llamadas así en honor de Felipe II, se habló el castellano durante 400 años, hasta el infausto momento en que, tras la guerra hispano – norteamericana y la guerra filipino-estadounidense (1899-1903), quedaron bajo el dominio de Estados Unidos.

Recto perteneció al grupo de escritores nacidos a finales del siglo XIX que configuraron la  «Edad de oro» de la literatura filohispana. Así, junto a personalidades como Trinidad Pardo de Tavera, Epifanio de los Santos, Rafael Palma, Fernando María Guerrero o Cecilio Apóstol,  perteneció nuestro autor a una generación signada por la innegable paradoja de hacer florecer la lengua y la cultura de Castilla al tiempo que el poder político español decaía sin mengua.

Lo cierto es que le cupo a Recto un papel central en la recuperación de los fueros de la lengua de Castilla desde su sitial como Presidente de la Academia Filipina de la Lengua. Para él, lengua,  catolicismo e hispanismo conformaron la tríada que defendió hasta su muerte. Así lo asegura Francisco Zaragoza, de la Academia Filipina: «Recto fue un intelectual militante, núcleo y vértice del sentimiento instintivo del hispanismo y del sentimiento heráldico-histórico de nuestra nacionalidad».

Falleció en Roma en octubre de 1960 cuando estaba por ver realizado su sueño de visitar y hablar al pueblo español. Víctima de un ataque cardiaco, sus últimas palabras, que reflejaban su entrañable amor a la hispanidad, fueron: «¡Qué terrible es morir lejos del terruño!»

Escribió sólo cuatro libros. Bajo los cocoteros (1911) fue su única obra poética. Dos renombradas obras teatrales: Solo entre las sombras (1917) y La ruta de Damasco (1915), y un gran ensayo político, Monroísmo asiático (1927), que causó mucha controversia porque atacaba la política imperialista norteamericana. 

Compartimos hoy un fragmento de su discurso «Por los fueros de una herencia», que iba a pronunciar en Madrid como Embajador Plenipotenciario, cuando la muerte le sorprendió en la Ciudad Eterna:

«Han pasado sesenta y cinco años desde aquella revolución que, en lo político, bifurcó el camino de nuestros destinos. Acentúo la excepción porque en otro orden de conceptos —familia, religión, costumbres, idioma y otros valores culturales, como la legislación civil y penal sustantiva— los filipinos vamos con vosotros por la misma derrota histórica. Poco habrá que decir en cuanto a nuestra institución familiar, a nuestras costumbres, a nuestra religión. Dejando de lado tenues diferencias, que no afectan a lo fundamental y son producto de nuestra idiosincrasia y del contacto con otras civilizaciones, allá en aquel archipiélago, que aún lleva con orgullo el nombre que le distéis en loor de un monarca español, subsiste y pervive lo que habéis dejado hace sesenta años. (…) Siento oprimírseme el corazón cuando os oigo, hermanos españoles, que, en este respecto, al paso que van las cosas en Filipinas, el porvenir se torna incierto, de una incertidumbre preñada de melancolía y pesimismo. Cuando los hombres de mi generación hayan pasado la última batalla nuestra causa se habrá perdido, si Dios y los hombres no lo remedian».


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