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ALACENA

El proyecto de León XIII se expresaba esencialmente en tres direcciones: cultura, ordenamiento de los Estados, la cuestión social.
Por el padre Fidel Quiroz, L.C. * / En exclusiva para El Observador
Cuando León XIII fue elegido Papa, el 20 de febrero de 1878, el mundo europeo había cambiado. La Revolución Francesa, con sus ideales de igualdad, libertad, fraternidad, había hecho desaparecer el «antiguo régimen» y la cultura feudal con sus privilegios. La Restauración no fue simplemente un retorno a lo antiguo, «la historia no da marcha atrás», sino el inicio de un sistema que parecía al anterior, pero que no era exactamente igual.
El pontificado anterior, por diversas causas, no había sido capaz de acercar a la Iglesia a la nueva cultura y dialogar con ella. El Papa Pecci, gracias a su experiencia diplomática (nuncio en Bélgica, 1843-1846) y pastoral (obispo de Perusa, 1846-1878), ya desde el inicio, con su primera encíclica programática Inscrutabili Dei consilio (1878), se propuso como objetivo de su pontificado «reconciliar a la Iglesia con el mundo moderno e insertar a los católicos en la sociedad contemporánea como fermento de una sociedad inspirada en los principios y valores cristianos».
Este proyecto de reconciliación y de diálogo con el mundo moderno lo fue expresando en las numerosas encíclicas publicadas a lo largo de sus 25 años de pontificado. En ellas afrontó los más variados argumentos, desde las relaciones Iglesia-Estado, pasando por la actitud de la Iglesia ante los diversos regímenes o formas de gobierno (monarquía, república), hasta el gran tema del momento, «la cuestión social», que le ganaría gran prestigio en el mundo entero con la encíclica Rerum novarum (1891).
El proyecto de León XIII se expresaba esencialmente en tres direcciones: cultura, ordenamiento de los Estados, la cuestión social:
La dimensión cultural de su proyecto histórico partía de la renovación de los estudios en la Iglesia a través de diversas iniciativas: la encíclica Aeterni Patris (1879) sobre la restauración de los estudios teológicos en la línea de santo Tomás (armonía entre fe y razón); apertura de los Archivos Vaticanos (1881); la encíclica Providentissimus Deus (1893) sobre la renovación de los estudios bíblicos; finalmente, un gran impulso a la investigación científica con la encíclica Immortale Dei (1885).
Por lo que se refiere al «ordenamiento del Estado moderno», con referencia específica a la democracia, el papa León XIII afrontó diversos problemas candentes, como el redefinir sobre bases nuevas las relaciones entre la Iglesia y el Estado, profundizar la cuestión de la democracia tal y como se venía proponiendo entonces, por cuál tipo de gobierno se inclinaba la Iglesia… Por ejemplo, en la encíclica Immortale Dei (1885) el Papa afirmaba que la Iglesia es indiferente ante cualquier forma de gobierno; basta que respete el bien común y la justicia.
Fue esto lo que le llevó a invitar a los católicos de Francia a aceptar la República (Nobilissima gallorum gens, 1884), el famoso «Ralliemant». La mayoría de los católicos eran monárquicos y rechazaron aceptar las indicaciones del pontífice. Según los historiadores, León XIII con esta invitación inesperada trataba de facilitar la acción y la presencia de los católicos en la sociedad para que su defensa de la Iglesia fuese más eficaz.
Sobre la democracia, como sistema de gobierno, hay en el pensamiento del Papa una significativa evolución; al principio, en la encíclica Inscrutabili Dei consilio, reafirma la hostilidad de la Iglesia a la idea de igualdad de los derechos políticos de los ciudadanos; más tarde se preocupó por distinguir entre el concepto tradicional católico, según el cual el fundamento último de la autoridad política había que buscarlo en la voluntad divina, y las formas concretas según las cuales esta autoridad podía ser ejercitada. Al final, por tanto, el Papa reconoce el valor positivo de las formas democráticas y de la pluralidad de regímenes, salvando siempre la doctrina católica sobre el origen y el uso del poder, y que se busque el bien de los ciudadanos (encíclica Libertas, 1888).
Esta singular apertura provocó una fuerte oposición entre los católicos conservadores, hasta el punto en que el Papa se vio obligado a intervenir de nuevo con la encíclica Breves de común (1901) para tranquilizar los ánimos e invitar a la unidad.
Sobre la cuestión social, uno de los problemas más urgentes del momento, León XIII, con la encíclica Rerum novarum (1891), estableció los principios sobre los que se debía fundar una auténtica visión cristiana del problema social: dignidad del obrero, salario justo, derecho de asociación… Además, hay que añadir que el proyecto social de León XIII no se identifica con la Rerum novarum, es más amplio y complejo, se inserta dentro de un proceso que ya venía de antes. La Rerum novarum es prácticamente la coronación de ese proceso y sirve de base para futuras intervenciones de la Iglesia en el campo social.
Son éstas, me parece, las grandes innovaciones del pontificado de León XIII, que lo hicieron protagonista de un acercamiento necesario de la Iglesia al mundo moderno, sin negar la tradición y la continuidad. Alguien justamente definió este pontificado: «Entre continuidad e innovación».
*El padre Fidel Quiroz es mexicano, de Jalisco, y tiene una larga experiencia docente y pastoral. Profesor de historia de la Iglesia en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, Roma |