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CULTURA 
Buscando una supuesta coherencia de los principios con la acción, el consecuencialismo afirma que, aunque se resientan los principios, lo más importante es la consideración de las consecuencias.
Buscando una supuesta coherencia de los principios con la acción, el consecuencialismo afirma que, aunque se resientan los principios, lo más importante es la consideración de las consecuencias. Semejante ideología encuentra en Robert Spämann su crítica adecuada, al tiempo que hace ver el deterioro que conlleva: «Lo que ocurre es que, por regla general, los consecuencialistas son inconsecuentes. Simplemente rechazan aceptar las responsabilidades por las amplias consecuencias que se producen. Además, el consecuencialismo promueve la extorsión, pues un consecuencialista debe estar siempre preparado para cometer un homicidio si se le amenaza con que, en caso de negarse, morirían diez personas. «La realidad es que, por una parte, ningún hombre puede vivir a la larga con ese concepto de responsabilidad sin corromperse moralmente y, por otra, sin sentirse permanentemente presionado... Ellos han redefinido lo bueno y lo malo: moralmente bueno es lo que tiene consecuencia buena. La frase de Mefistófeles ‘Yo soy una parte de aquella fuerza que siempre quiere el mal, pero siempre obtiene el bien’, sería aplicable únicamente a los que no saben que están procurando el bien. «Finalmente, ...la obligación de mantener un compromiso nace de la palabra dada, y se trata de un compromiso frente a aquel a quien se le hizo la promesa. Para los consecuencialistas sólo existen obligaciones individuales de modo indirecto. Pero, por ejemplo, quien se compromete a solas ante la petición de un moribundo puede prometer lo que quiera, dadas las circunstancias de estar sin testigos, sin sentirse vinculado en todo caso por la muerte del interlocutor. Promesa y ruptura de ésta quedan, pues, sin consecuencias. «Al consecuencialista ‘todo le está permitido`, y las normas morales le supeditan de la misma manera que a los peatones la prohibición de cruzar el semáforo en rojo. En buena ley, deberían respetarse, pero no hace falta, si las infracciones carecen de consecuencias. « Moore, el fundador del ‘consecuencialismo axiológico’, ha reconocido... el carácter utópico de esta teoría, cuando dice que desconocemos fundamentalmente las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones, por lo cual, como consecuencialistas, tampoco podemos saber qué es lo moralmente bueno». |