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Escrito por Jaime Septién   
Domingo 13 de Julio 2008

PÓRTICO

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Aparecida no deja lugar a dudas: la batalla que hay que dar es la de la cultura, la de la cultura específicamente católica.

Por Jaime Septién

Un señor cura vino a decirnos que en su parroquia la gente no quiere El Observador. Y dio varias razones: que es muy elevado, que trata cosas que la gente no entiende, que no toca las comunidades, que es de intelectuales…

Lo comprendo, pero no lo comparto. Durante trece años hemos oído lo mismo. Y durante trece años hemos querido hacer cultura. Porque el pueblo fiel de México se lo merece. Educado por la televisión (¿es que no nos damos cuenta?), cada día la percepción católica de los acontecimientos de su mundo es más débil.

Aparecida —señor cura, amigos— no deja lugar a dudas: la batalla que hay que dar es la de la cultura, la de la cultura específicamente católica. Y es cultivando la fe del pueblo como la Iglesia emprende hoy la gran misión continental a la que está llamada. Nosotros en el periódico queremos hacernos eco de ese reclamo urgentísimo.  Un reclamo del papa Benedicto XVI; tan fuerte como lo era el de Juan Pablo II: una fe que no se hace cultura, decía este último, es una fe definitivamente muerta.

No soy quién para dar consejos; mucho menos consejos pastorales. Soy un humilde periodista que se inclina ante el Misterio de la Iglesia. Pero de las pocas ideas que defenderé con absoluta terquedad es la de que nuestra gente necesita la Verdad sin rebajar del Evangelio: la Verdad que lo penetra todo y lo hace parte de la Historia de la Salvación. Y esa Verdad cuesta trabajo, cuesta esfuerzo, pero paga largamente.  Sobre todo, paga con la mejor moneda que exige Jesús: que sus discípulos sean capaces de predicar desde los tejados.

«Hacer Iglesia» es un movimiento continuo. Todos necesitamos de todos. En El Observador ponemos nuestro esfuerzo mayor en darle al lector calidad y compañía; en darle alimento que nutre, no imágenes que pasan. La Palabra de Dios tiene una preparación en la visión de las obras de Dios.  La tele no se las va a enseñar.  Tampoco el cine, la radio o la internet.  Si nos apoyamos, si buscamos juntos el camino de la cultura católica, seremos más fieles a la Palabra.  A Dios mismo. Y en ello cabemos todos los que amamos a la Iglesia. Todos.


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