JHS
   Miércoles 08 de Febrero 2012   Inicio arrow No. 679 (13 de julio de 2008) arrow El Cantar y el discípulo misionero
Inicio
Buscar
Archivo
Contacto
Nosotros
Directorio
Suscripciones
Boletín gratuito
¡Escucha México!
Noticias Zenit
Enlaces
¡Ayúdenos!
Franquicia

Feed de El Observador Sucripcion por mail de El Observador Facebook de El Observador Twitter de El Observador

Publicidad

Una novela, un viaje, una aventura...

Soluciones, cerca de ti

Blog de un periodista católico: Jaime Septién

Red de periodistas, escritores y medios católicos de habla hispana

Buscando la verdad

Red Global Católica

Valorar la sexualidad de acuerdo al plan de Dios

Divulgación de información científica relacionada con la sexualidad

Televisión católica / Iluminando al mundo

Misioneros de Guadalupe

Fuentes RSS
El Cantar y el discípulo misionero Imprimir
Escrito por Javier Algara   
Domingo 13 de Julio 2008

VIGÍA

Image

Quien encuentra a Cristo encuentra el verdadero significado de su vida. Ese encuentro marca el inicio real del discipulado y de su consecuencia lógica: el testimonio misionero.

Por Javier Algara

Los documentos oficiales del magisterio de la Iglesia, por su naturaleza misma, tienden a estar cargados de sustentación escriturística, interpretaciones de la historia y reflexiones conducentes a la praxis pastoral. Algunos, como es el caso de los documentos emitidos por el CELAM en sus reuniones plenarias, tales como la de Aparecida, van acompañados de crudos análisis de la realidad en la que viven concretamente las comunidades cristianas, con sus carencias socioeconómicas, culturales, políticas y religiosas. Las expresiones místicas sonarían discordes en esos documentos. Sin embargo, la reflexión respecto a los contenidos de los textos del magisterio, y sobre todo su transformación en motivación vital y su vivencia cotidiana en las comunidades cristianas, en la vida personal, bien harían en apoyarse en la experiencia mística y sus manifestaciones.

En Aparecida se habló del encuentro con Cristo como punto de partida para la fe y el consecuente cambio de vida de la persona. Quien encuentra a Cristo encuentra el verdadero significado de su vida. Ese encuentro marca el inicio real del discipulado y de su consecuencia lógica: el testimonio misionero.

Charles de Foucauld narra cómo, una vez que encontró a Dios, se dio cuenta que ya no podía hacer otra cosa sino vivir para Él.

Los actos de la vida cotidiana del cristiano son distintos a los de cualquier otra persona por la dimensión en la que los realiza, y es así como se convierten en testimonio preferente de la realidad de Cristo resucitado.

El amante protagonista del Cantar de los Cantares, poema que debería ser el favorito de todos los discípulos, describe esa experiencia: «Encontré al amor de mi alma. Lo aprehendí y no lo soltaré… Qué sabrosos tus amores más que el vino… Ponme cual sello en tu corazón, como un sello en tu brazo… Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado… Indícame, amor de mi alma, dónde apacientas el rebaño, para que no ande yo vagabunda tras los rebaños de tus compañeros». ¿O es peligroso para el discípulo y misionero alimentar y fortalecer su decisión de cambiar de vida y de colaborar en la transformación de la sociedad a través de querer experimentar místicamente el amor de Dios? ¿Será una actitud anacrónica, fuera del contexto de la realidad actual de la vida cristiana y de los tremendos retos que nos presentan la miseria, la globalización, la corrupción, la descristianización y el secularismo rampante, detenerse en poemas como el Cantar de los Cantares y manifestar con ellos nuestra fe, nuestro deseo de ser discípulos fieles y testigos del amor de Cristo? ¿La experiencia mística es siempre una ruta de escape de la realidad y del compromiso cristiano? ¿O es todo lo contrario?

<Anterior   Siguiente>

Los artículos firmados son responsabilidad del autor. Las palabras de "El Observador de la Actualidad" y el logo son Marca Registrada. Derechos Reservados: Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2012