JHS
   Jueves 20 de Noviembre 2008   Inicio arrow No. 635 (9 de septiembre de 2007) arrow Un método para amargarse la vida
Inicio
Buscar
Archivo
Contacto
Nosotros
Directorio
Suscripciones
Boletín
¡Escucha México!
Noticias Zenit
Enlaces

Red de periodistas, escritores y medios católicos de habla hispana

El mundo visto desde Roma

Red Global Católica

Valorar la sexualidad de acuerdo al plan de Dios

Iluminando al mundo

El lugar de encuentro de los católicos en la red

Fuentes RSS
Un método para amargarse la vida PDF Imprimir Correo
Escrito por P. Juan Jesús Priego   
Domingo 09 de Septiembre 2007

ENSAYOS CRISTIANOS

Image

Ningún amargado ha llegado a serlo de un día para otro. Lo que dijo Simone de Beauvoir de la mujer vale también para el amargado: no nace, se hace. Además, si ser amargado fuera tan fácil, todo el mundo lo sería.

Hay quienes piensan que amargarse la vida es una cosa como cualquier otra, algo que todo mundo puede hacer sin preocuparse lo más mínimo en seguir una metodología rigurosa, una rutina de cotidianos ejercicios. Pues bien, ha llegado la hora de deshacer semejante equívoco. Señores: amargarse la vida es todo un arte y, como todo arte, requiere esfuerzo, paciencia, seriedad y disciplina.

Ningún amargado ha llegado a serlo de un día para otro, y este hecho debería ser tomado ya por un argumento de peso. En la práctica, de nadie decimos que es un amargado sino de aquel que todos los días nos ofrece un rostro marchito, una palabra dolorida y un rosario de quejas. Lo que dijo Simone de Beauvoir de la mujer vale también para el amargado: no nace, se hace.

Además, si ser amargado fuera tan fácil, todo el mundo lo sería, como dijo el poeta. ¿A quién no le ha tocado ver hombres y mujeres que sonríen hasta por las cosas más insignificantes? Leer un poema, ver a un amigo, recibir una llamada telefónica son ya para esta gente motivos de júbilo. ¡Con qué ingenuidad e ignorancia se pasean estos tales por las autopistas de la vida! ¡Como si vivir fuera tan fácil! ¡Ah, cómo se advierte, al observarlos, que amargarse la vida es un arte reservado a unos cuantos elegidos!

No obstante, si usted estuviera interesado en amargársela, nosotros podríamos decirle cómo se procede; después de todo, aunque es cosa difícil, nadie ha dicho que sea imposible. Tome nota, por favor.

Regla número uno. Ante todo es necesario que se convenza a sí mismo de que en el pasado fue usted siempre muy feliz. Esto es sumamente importante; es más, casi podríamos decir que sin este presupuesto nuestro método corre el riesgo de no rendir los frutos que se esperarían de él. Debe usted decirse de mil a mil doscientas veces al día todos los días: «¡Ay, cómo era yo feliz!, ¡ay, cómo era yo feliz! ¡En aquel tiempo glorioso no me dolía absolutamente nada!». Será de enorme utilidad ir a las tiendas de usado y comprar discos o casetes que le ayuden a recordar los tiempos idos; sin embargo, sería contraproducente abusar de ellos. Con una o dos canciones diarias bastaría.

Regla número dos. Persuádase usted de que ningún momento del presente podrá igualar en belleza, alegría, felicidad, esplendor y abundancia a ningún momento del pasado. Como material de auxilio le recomendamos unos versos del poeta Jorge Manrique (tomados de las Coplas a la muerte de su padre) que dicen así:

 Recuerde el alma dormida,
 avive el seso y despierte
 contemplando
 cómo se pasa la vida,
 cómo se viene la muerte
 tan callando,
 cuán presto se va el placer,
 cómo, después de acordado,
 da dolor;
 cómo, a nuestro parecer,
 cualquier tiempo pasado
 fue mejor.

Le aconsejamos repetirlos durante el segundo mes también de mil a mil doscientas veces al día todos los días. Si fuera usted de memoria un tanto corta, no se preocupe: serían suficientes para nuestro propósito al menos los dos últimos versos. Para perfeccionar sus repeticiones le recomendamos la consulta de la palabra mantra en cualquier diccionario aceptable de espiritualidad oriental.

Regla número tres. Obstínese tercamente en creer que el mañana será siempre más negro, más desdichado y más incierto que su presente y su pasado juntos. En otras palabras, desconfíe del futuro. La invitación podrá sonar un tanto cínica, pero más vale llamar a las cosas por su nombre, ya que sin esta desconfianza fundamental sería inútil pasar a la 

Regla número cuatro. Postergue toda decisión, dedíquese a auscultarse a usted mismo y pase la mayor parte del día abismado en la contemplación de las horas maravillosas que han quedo atrás y que, ¡ay!, como las golondrinas de Bécquer, no volverán.

En esos libros de autoayuda que hoy abundan leerá usted que es imprescindible vivir el presente. No les haga caso. Tampoco los tome en serio cuando le hablen de esperanza y de futuro. Usted está llamado a vivir en el pasado como un ratón en su covacha. Dígaselo una vez, repítaselo mil veces: Como un ratón en su covacha. Y, además, convénzase: usted ya no vive: vivió. Ya nada le queda por ver, por conocer, por amar. Lo bello ya fue; lo hermoso ya pasó; las personas más hermosas e interesantes se han ido de este mundo para siempre. Si logra usted interiorizar estos pensamientos verdaderos, alégrese, pues conseguirá lo que quiere: la amargura como talante fundamental.

Regla número cinco.  Si el método le funciona (que le funcionará, tenga usted plena seguridad de ello), no deje, por favor, de recomendarlo a sus amistades.

P. Juan Jesús Priego


Pancarta
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org. La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor. D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2008