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¿Qué se debate en la Suprema Corte de Justicia de la Nación? |
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Escrito por Jorge E. Traslosheros
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Domingo 06 de Julio 2008 |
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PORTADA 
OBRAS Y RAZONES El aborto: ¿Qué se debate en la Suprema Corte de Justicia de la Nación?
Por Jorge E. Traslosheros, del Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM
La Suprema Corte de Justicia de la Nación debe resolver en los próximos meses los recursos de inconstitucionalidad que interpusieron la Procuraduría General de la República y la Comisión Nacional de Derechos Humanos contra la ley que despenaliza el aborto en el Distrito Federal hasta el tercer mes de gestación. En un hecho inédito en nuestra cultura jurídica y política, el Supremo Tribunal llamó a la sociedad civil a presentar sus argumentos a favor y en contra del aborto, por turnos semanales.
Los ministros de la Suprema Corte deben responder a una sola pregunta, sencilla y muy clara: ¿La Constitución de México protege la vida del concebido? Su primera y más importante obligación es hacerlo de cara al orden jurídico mexicano, entendiendo que el tema es de justicia constitucional. Sin embargo, como bien lo han reconocido, el criterio para tomar la decisión debe nutrirse también de otras ramas del conocimiento como es la filosofía, la medicina, la biología, la bioética, la historia, la doctrina jurídica general y todo cuanto sea pertinente. Quienes hemos tenido el privilegio de participar y de seguir de cerca las audiencias podemos dar testimonio del profesionalismo y calidad mostrada por todos aquellos que han defendido el respeto a la dignidad humana, empezando por la vida misma. Los argumentos presentados pueden ubicarse en cuatro grandes rubros. En primer lugar, los propios de la justicia constitucional que está referida a los derechos humanos, las garantías individuales y sociales inscritas en la Carta Magna y a otras disposiciones presentes en los tratados internacionales, leyes federales y locales. En segundo término, la defensa de la condición humana del embrión humano que ha sido sustentada en los descubrimientos científicos de los últimos cinco años y en reflexiones bioéticas sobre el valor mismo de la vida. En tercer lugar, la demostración de las consecuencias negativas que el aborto, especialmente en su modalidad de inducido, tiene en las mujeres, para lo cual se ha usado la literatura científica internacional de los últimos siete años, más la experiencia clínica de quienes desde hace mucho tiempo vienen tratando a las mujeres y familias que sufren el Síndrome Post Aborto. Por último, podemos mencionar una serie de razones que tienen que ver con el diseño de nuestra democracia, políticas públicas y cultura, de cómo un simple programa de gobierno que promueve el aborto está muy lejos de llenar las expectativas de una sociedad y una cultura que quiere ser incluyente y levantarse sobre el principio mínimo de la convivencia humana, como lo es el respeto a la dignidad de todos sus miembros.
Las conclusiones a las que vamos arribando caen por su propio peso. La ley que liberalizó el aborto en el Distrito Federal es violatoria del orden constitucional mexicano y es profundamente injusta con el concebido, la mujer y la sociedad. Por un lado, priva del derecho a la vida a un miembro de nuestra especie que se encuentra en su primera etapa de desarrollo; por otro lado, no toma en consideración el daño objetivo que su práctica causa en la mayoría de las mujeres que han sido sometidas al procedimiento y, por último, está muy lejos de profundizar en las políticas públicas que solucionarían el problema que hoy se debate. Poco a poco, si el lector así me lo permite, iremos desglosando cada una de estas líneas argumentales. Baste decir por ahora que la defensa de la vida se ha realizado sobre conocimientos ciertos y razones válidas, comunicadas en un lenguaje no privativo de los cristianos, pues queda muy claro que nuestros interlocutores responden a gran diversidad de creencias. No basta con tener la razón, es imperativo ser razonable. |