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¿POR QUÉ ME HICE SACERDOTE? «Creo que Jesucristo se confabuló con un sacerdote para sembrar la inquietud sacerdotal en mí» 
Entrevista al padre Gerardo Moreno, párroco venezolano
Por María Velázquez Dorantes
Gerardo Moreno es un joven sacerdote diocesano. Originario de Venezuela, es también poeta, articulista —famoso en su país como contestatario del dictador Hugo Chávez— y autor de varios libros: «No todo es como parece... Tú decides», «La verdadera revolución, desde el sentir de un pueblo», «En Su Nombre» y, su último éxito, «Cristoterapia». Licenciado en teología por la Universidad Santa Rosa de Lima (Caracas) y avalado por la Universidad Javeriana (Colombia), el padre Gerardo tiene en su haber el primer lugar de Páginas Neobíblicas (2001), concurso promocionado desde Nicaragua. Actualmente cursa la carrera de derecho, y es párroco de Santa Teresa de Jesús, diócesis de Ciudad Guayana, Venezuela. [n.d.l.r.]
¿Cómo nace la semilla que lo impulsa a seguir la vocación sacerdotal? «El camino o las formas como nace la semilla sacerdotal no tiene un parámetro fijo. En mi caso, Dios se valió, aparte del padre Lorenzo, se valió de mi mamá. Su entrega a la gente a través de la Iglesia, o de la parroquia a la que íbamos, también influyó en mí. Creo firmemente que Jesucristo se confabuló con un sacerdote español, el padre Lorenzo Garijo, de la orden de los salvatorianos, para sembrar la inquietud sacerdotal en mí. La forma de ser del padre Lorenzo fue la que me motivó. Aunque mantengo que Dios se valió de él para hacer su obra en mí.
«Respondiendo directamente a la pregunta: ¿por qué me hice sacerdote? Por creer en Cristo, en el bien, en la justicia, en el servicio a las personas sin distinción. Porque creo en un mundo mejor, porque soy soñador, porque quiero, en nombre de Cristo, llevar esperanza a la gente». ¿Cuáles han sido los retos más significativos que ha vivido como sacerdote? «Son varios los momentos significativos, entre ellos luchar junto a jóvenes estudiantes en El Callao, pueblo que queda al sur del estado Bolívar, Venezuela. Con ellos luché para lograr la universidad. Igualmente he luchado al lado de los mineros para llevar el sustento a su casa. En el campo más personal, pasé por un cáliz, donde una mujer me difamó, hasta fue donde el obispo para mal ponerme. Gracias a Dios, como le dije a mi obispo, ella simplemente quiso otra cosa, y al no obtenerla, comenzó a hablar mal de mí. La gente que me conoce sabe de mi entrega, de mi servicio sacerdotal y de mi amor por lo que soy en Cristo». Cuando escribe, ¿qué temáticas son las más presentes e inspiradoras y por qué? «Siempre pienso en los sueños de las personas, las luchas, los miedos, las alegrías, las esperanzas. Las ilusiones que hacen que las personas se muevan y perseveren hasta el final. También pienso en la situación política y social que vive mi país, Venezuela, y desde la realidad, le pido a Papá Dios que envié al espíritu Santo para que me ilumine y lo que escriba sea suyo. Soy un eterno soñador y hacedor de sueños. Por cierto, hasta los momentos he escrito cuatro libros, y ahora estoy sobre el quinto con la gracia de Dios». ¿Cómo describe su vida sacerdotal? «No tendría ninguna duda en decir que con los altos y bajos, levantadas y caídas, llantos y alegrías, me siento feliz como sacerdote. Vale la pena ser sacerdote de Jesucristo». ¿En qué momento de su vida como sacerdote ha sentido declinar su vocación y por qué, si ha existido tal momento? «Momentos hay, y si un sacerdote dijera que no, me atrevo a decir que está mintiendo. No me refiero a cuestiones con mujeres, porque la gente tiende a pensar que uno declina cuando se fija en una mujer, y puedo afirmar que, más allá de esa situación, siento que he declinado cuando no he atendido a las personas que acuden a mí a tiempo, cuando no me comprometo de lleno con el Evangelio a través de la realidad de mi pueblo, cuando he dudado del poder que Cristo me ha confiado. Poder, no para mandar, sino para servir, para dar esperanza, para sanar. Al fin y al cabo, soy sacerdote en nombre de Cristo, no en nombre propio». |