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La ecologia y el cuidado del agua |
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Escrito por Padre Umberto M. Marsich, m.x.
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Domingo 29 de Junio 2008 |
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Sin alarmismos, reconocemos la gravedad de los desastres hídricos que están a la vista de todos y en todo el mundo...
Por el padre Umberto M. Marsich, m.x.
La relación del hombre con su medio ambiente ha originado múltiples problemas, hasta el punto de hacer casi inhabitable el planeta Tierra, la «casa» del hombre. La ecología es, exactamente, «la ciencia que estudia a los organismos en su casa, es decir, en su medio». Más científicamente, podemos definir la ecología como «la ciencia que estudia las relaciones entre organismos o grupos de organismos y su medio ambiente con el fin de impedir su destrucción».
Ya es un hecho, constatado por todos, que los cambios climáticos que experimentamos no son otra cosa que la consecuencia de la degradación de la atmósfera causada por la contaminación ambiental y el «efecto invernadero». Las consecuencias no se han hecho esperar: los cambios climáticos son tan enormes que afectan a la agricultura, a la ganadería, a los recursos hídricos, a los ecosistemas marinos y terrestres, y al clima. Todo esto, con repercusiones económicamente dramáticas para todos los países.
Una mirada a la realidad hídrica Sin alarmismos, reconocemos la gravedad de los desastres hídricos que están a la vista de todos y en todo el mundo: sequías duraderas e irreversibles, en partes siempre más extensas; ríos sin caudales o altamente contaminados por descargas industriales; lagos desaparecidos, deshielos acelerados, lluvias siempre más escasas y violentas, y limitación programada del agua en las urbes.
El protocolo de Kyoto, firmado por casi todas las naciones de la ONU —con excepción de Estados Unidos y China—, propone, entre los caminos para reducir tales desastres, la suficiencia alimenticia y, en particular, del agua. El ecosistema en el que vivimos es tan perfecto y bien diseñado que una falla en algunos de sus componentes repercute inevitablemente sobre los otros. En efecto, el agujero en la capa de ozono calienta la tierra desertificándola progresivamente y reduciendo la humedad necesaria para las lluvias y la vida de la biosfera. A todo esto se agrega el despilfarro y mal uso del agua, su contaminación y el descuido social y político para su tratamiento y recuperación. Reiteramos que la falta de agua, tarde o temprano, será inevitable detonador de graves conflictos sociales.
Los remedios políticos y éticos Esta situación requiere, hoy más que nunca, de soluciones inmediatas, radicales y planetarias; pide proyectos consistentes a corto y largo plazo. La cosa es que los países de mayor desarrollo económico y tecnológico difícilmente sabrán renunciar al bienestar logrado. En perspectiva, necesitamos proponer y acompañar la construcción de una nueva cultura para el reequilibrio de la relación hombre-ambiente. Han surgido, incluso, nuevas ciencias y nuevos términos finalizados a impulsar conciencia y ética ecológicas. A la luz de esta moralización de la conducta humana no nos resulta, por cierto, impertinente el recurso también a la nueva categoría ético religiosa del «pecado ecológico». Pecaminosa, por lo tanto, será toda conducta que destruya el ambiente y envenene áreas inmensas de territorio, haciéndolas inhabitables.
En la encíclica Sollicitudo rei socialis Juan Pablo II denunciaba este abuso de los recursos naturales de la siguiente manera: «Usarlos como si fueran inagotables, con dominio absoluto, pone seriamente en peligro su futura disponibilidad, no sólo para la generación presente, sino, sobre todo, para las futuras» (n.34). La tierra puede y debe ser salvada a través de un desarrollo sustentable, que significa «satisfacer las necesidades humanas de todos sin sacrificar el capital natural».
El desastre ecológico de nuestros días, ratificando el fracaso del modelo de crecimiento económico global ilimitado, pide absolutamente el transito de una cultura de explotación y de dominio a otra de participación y administración responsable del ambiente y de los recursos naturales. La toma de conciencia de estos problemas, afortunadamente, ha puesto de relieve la unidad de destino de nuestro planeta y está despertando interés para buscar remedios. |
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