|
UN DÍA EN EL SEMINARIO Inculcar el gusto y la fortaleza para vivir el compromiso sacerdotal 
Seminario conciliar de León, Guanajuato
Por Claudio G. Osornio
El Seminario Diocesano de León, Gto., conocido como «Casa del Levítico Leonés», es un ejemplo a seguir, no sólo por la profunda vocación sacerdotal que en su interior se práctica; además, gracias al esfuerzo de la feligresía leonesa y a la visión de la diócesis, en menos de diez años han logrado construir las mejores y más funcionales instalaciones de la zona centro occidente del país.
Con paso firme se consolida la vocación Los últimos doce de su vida Francisco Gerardo Alvarado Quintana, quien es originario de la ciudad de Irapuato, los ha pasado en el Seminario Diocesano de León. Durante ese lapso Francisco Gerardo ha logrado conocer profundamente lo que implica el camino del sacerdocio. Actualmente cuenta con 26 años y cursa el cuarto de Teología; espera que, antes de que concluya el presente, culmine su preparación como diácono y, por fin, comience su anhelado presbiterado.
Confiados en la Providencia Divina Fue el pasado 7 de enero de 1998 cuando el obispo de León, José Guadalupe Martín Rábago, actual presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, convocó a una rueda de prensa en la ciudad de León. Ante los medios de difusión locales, el prelado anunció oficialmente la construcción de un nuevo Seminario, con un costo estimado en 30 millones de pesos. El obispo, en aquella ocasión, aclaró que el proyecto partía de cero pesos, se confiaba en la Providencia Divina, así como en la generosidad de los fieles diocesanos, y adelantó la venta del tradicional Seminario de Belem.
Un arduo camino hacia el sacerdocio El camino que recorrió Francisco Gerardo para llegar al punto en que se encuentra, no fue nada fácil. Desprenderse del núcleo familiar, recuerda, fue de las situaciones más difíciles por las que tuvo que pasar. Sobre todo porque, en el año 2005, cuando la ciudad de Irapuato se convirtió en diócesis, se vio en la necesidad de decidir si continuaba en León o se trasladaba a Irapuato, cerca de su madre y sus hermanos. Al respecto comenta a El Observador que cinco de sus compañeros, que al igual que él eran de Irapuato, decidieron regresar a su ciudad natal. Francisco Gerardo, con el consejo de sus docentes y aferrado a su vocación, continuó en León. A partir de diciembre, cuando se consolidó como el octavo diacono de su generación, Francisco Gerardo no piensa en otra cosa que ordenarse presbítero.
Adecuadas instalaciones para la formación sacerdotal Dos meses después de la noticia ofrecida por el obispo de León y ante la presencia del nuncio apostólico en aquel tiempo, Justo Mullor, se colocó la primera piedra del nuevo seminario. El terreno en donde se construyeron las novedosas instalaciones, donado por don Luis Loza, se localiza dentro de la colonia Santa Rosa Plan de Ayala, en la zona metropolitana de León, y cuenta con una extensión de 6 hectáreas. En la primera etapa se construyó la zona de dormitorios, comedor y salones; posteriormente se continuó con la capilla, la explanada, la administración y la Plaza de la Evangelización. Y, finalmente, el auditorio de usos múltiples, y las canchas de futbol y basquetbol.
Inculcar la fortaleza para ejercer este incomparable compromiso de vida Francisco Gerardo sabe que el reto que se le viene no es menor. El actual diácono se convertirá seguramente en sacerdote este mismo año y recibirá el encargo de parte del obispo José Guadalupe Martín Rábago de colaborar en alguna de las 84 parroquias establecidas en la diócesis.
«El mundo actual está viviendo momentos complicados y nosotros, como sacerdotes, no estamos ajenos a esta dinámica que vive nuestra sociedad. Pero, por ello mismo, tenemos que inculcarle a los seminaristas el gusto y al mismo tiempo la fortaleza para ejercer responsablemente este incomparable compromiso de vida», explica el padre José de Jesús Martínez, quien ha dedicado los últimos 15 años de su sacerdocio a la formación de seminaristas en la «Casa del Levítico Leonés». |