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El debate por la vida: una vieja y novedosa historia |
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Escrito por Jorge E. Traslosheros
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Domingo 22 de Junio 2008 |
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PORTADA 
La vida humana ha sido puesta a debate en nuestra cultura. El valor de la persona está en el centro de nuestras reflexiones y abarca todo aquello en donde la dignidad del ser humano se encuentra amenazada.
por Jorge E. Traslosheros* / colaboración especial para El Observador
La vida humana ha sido puesta a debate en nuestra cultura. El valor de la persona está en el centro de nuestras reflexiones y abarca muy distintos problemas, como son: aborto, eugenesia, eutanasia, pena de muerte, genocidio, medio ambiente, guerra, derechos de las minorías y de los emigrantes, refugiados, uso de nuestra herencia genética... Abarca todo aquello en donde la dignidad del ser humano se encuentra amenazada.
Hoy en nuestro México ha cobrado especial relieve el problema del aborto. El detonador fue la ley que hace poco más de un año aprobó la Asamblea de Representantes del Distrito Federal, por la cual se despenalizó su práctica hasta el tercer mes de embarazo.
Un drama que se origina en el momento en que una mujer embarazada decide no ser madre, por la razón que sea, y que no somos nadie para juzgar. Entonces, parece que dos personas entran en conflicto porque dos valores entran aparentemente en colisión: la libertad y la vida. Las situaciones económicas, sociales y culturales que rodeen a la mujer podrán agravar seriamente el problema pues pueden ponerla en situación de extrema necesidad e incluso abandono.
Las tres posiciones frente al aborto
Ante el dilema del aborto, en el debate público se han manifestado tres posiciones. La primera pone en duda o niega abiertamente que en el seno materno exista un ser humano, por lo que es legítimo privarlo de la vida, disponer de «eso» en beneficio de la libertad de la mujer, de su derecho a la autodeterminación. La segunda reconoce que en el seno materno sí existe un ser humano, pero considera que su derecho es el único a ser tomado en cuenta, por lo que se niega toda libertad a la mujer bajo estas circunstancias.
Existe una tercera propuesta que, afortunadamente, poco a poco se abre paso en el debate público y en la cual se afirma que en el vientre materno sí existe un ser humano en pleno desarrollo y que también es necesario tomar en serio el derecho que tiene la mujer a decidir en libertad. Que es necesario reconocer sin tapujos ambos derechos: la vida y la libertad.
La tercera postura, la única justa
No hay que caminar muy lejos para darnos cuenta de que las dos primeras son excluyentes y pretenden negar los derechos del concebido o de la mujer. Su extremismo imposibilita resolver el problema pues proponen la eliminación de alguna de las partes, es decir, privan a la mujer y al concebido de sus derechos fundamentales: la vida y la libertad. Ambas, a final de cuentas, provocan el abandono de la mujer pues sólo a ellas las responsabilizan; reducen todo el problema a su capacidad de decisión y, por lo tanto, afirman que sólo a ella le corresponde solucionarlo.
Así, todo esfuerzo de solidaridad y acompañamiento salen sobrando. Sólo la tercera posición considera el derecho de cada quien logrando una solución en justicia. Esto nos obliga como sociedad a tomar cartas en el asunto en beneficio de las mujeres embarazadas y del concebido por igual. Es tanto como solidarizarnos con los más débiles y necesitados de la sociedad. ¿Qué mayor fragilidad que la de una mujer embarazada en situación de abandono y necesidad? Es urgente desarrollar nuestra imaginación y alimentarla de esperanza.
La tragedia es el regateo de la dignidad humana
No podemos perder de vista que el debate por la vida, que es por la dignidad humana, no es nuevo en la historia. Con relativa frecuencia la condición humana de un grupo o de un individuo ha sido puesta en cuestión. Tal fue lo que sucedió con la esclavitud de los negros y con el indio americano en pasadas centurias, lo mismo que con el pueblo judío bajo el régimen nazi, con los cristianos armenios en Turquía y con las masacres en Ruanda y los Balcanes a lo largo del siglo XX, por citar algunos ejemplos conocidos. Las tragedias que se desataron y desatan por la negación o por el simple regateo de la condición humana y la consecuente violación de los derechos fundamentales de la persona, son por demás conocidas y cometeríamos un tremendo error en ignorarlo o pretender olvidarlo.
Por una justicia abierta a la esperanza
Hoy se está regateando o de plano negando la condición humana de la persona en sus primeras etapas de desarrollo, así como la libertad de la mujer. Si no queremos repetir trágicas historias es necesario armarnos de valor y ver de frente el problema para comprender que sólo desde el ejercicio de la justicia, afirmando la dignidad del ser humano sin regateos, es posible encontrar soluciones en bien de cada uno. No podemos darnos el lujo de equivocarnos.
*Doctor en Historia del Instituto de Investigaciones Históricas en la UNAM. |