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UN DÍA EN EL SEMINARIO 
Ser seminarista y luego sacerdote se debe al llamado de Dios. A los formadores corresponde cultivar los gérmenes de la vocación Seminario Menor de los Misioneros Xaverianos, en San Juan del Río, Querétaro.
Por Claudio G. Osornio
Llevar el mensaje de salvación cristiana a los confines del planeta es una tarea que a diario experimentan y viven los sacerdotes misioneros. A diferencia de países como México, en donde un alto porcentaje de la población profesa la religión católica, los sacerdotes misioneros se aventuran en naciones y culturas donde el número de católicos es escaso o prácticamente nulo. Un ejemplo de exitosa formación sacerdotal misionera es el Seminario Menor de los Misioneros Xaverianos, ubicado en la ciudad de San Juan del Río, Querétaro.
Historia de un llamado
Cuando era todavía un niño y recién cumplía ocho años de edad, a Sergio Ignacio Pacheco Lazcano le surgió una inquietud: quería ser acólito. Por lo regular, todos los fines de semana, sus padres lo llevaban a la parroquia de Nuestro Señor de Las Maravillas, ubicada en la plaza principal de Ciudad Netzahualcóyotl, estado de México. Al principio sus padres tomaron la petición del pequeño Sergio con algunas reservas, pero ante la incansable insistencia del menor terminaron por acceder y le permitieron acudir regularmente al catecismo, en donde fue instruido para llevar a cabo su deseo.
Semillero de pastores
Fundado en 1962, el Seminario Menor de Misioneros Xaverianos es un referente en la formación sacerdotal del centro occidente del país. Cerca de un centenar de presbíteros misioneros, que hoy en día participan diseminados a lo largo y ancho de cuatro continentes, se han formado dentro de las aulas de este Seminario. Actualmente, un total de 57 seminaristas se encuentran en etapa de formación; 23 de ellos cursan el nivel secundaria y los 34 restantes cursan la preparatoria en el Colegio Centro Unión, que, al igual que el Seminario, es dirigido por los Misioneros Xaverianos.
La familia, impulso de la vocación sacerdotal
Luego de colaborar varios años en la parroquia de su comunidad, llegó el momento en que Sergio Ignacio Pacheco definió lo que sería su vocación en la vida. Quería ser misionero. Orgullosos por la decisión que había tomado su hijo, los padres de Sergio Ignacio no lo pensaron dos veces y se abocaron a conseguir la mayor cantidad posible de información que le sirviera para orientar la vocación surgida en el adolescente. Fue cuestión de horas para que indagaran la existencia del Seminario Menor de los Misioneros Xaverianos y hacia él se encaminaron.
Inspiración misionera
Guido María Conforti, sacerdote italiano que por motivos de salud nunca pudo dejar su país natal, es el fundador de la congregación de los Misioneros Xaverianos. Un cuadro de él se ubica en el pasillo principal del Seminario Menor, donde se imparten clases especiales de matemáticas, inglés y computación. La vida y obra de San Francisco Xavier, quien murió a unos metros de la Muralla China intentando evangelizar a la nación oriental, es el modelo que impulsó decididamente a Guido María Conforti. Al igual un óleo del santo español se encuentra dispuesto a la entrada del Seminario Menor, el cual cuenta con una pequeña hortaliza que es cultivada por los propios seminaristas.
«Desde muy pequeño intuía que ésta sería mí vida»
La adaptación de Sergio Ignacio Pacheco, en la vida dentro del Seminario Menor fue natural. Una vez instalado, continuó con sus estudios de secundaría y posteriormente ingresó a la preparatoria. En la actualidad Sergio Ignacio ha concluido sus estudios en Filosofía y se encuentra a la espera de ingresar al Postulantado y Noviciado Xaveriano, que se encuentra en la ciudad de Salamanca, Guanajuato. «Estoy muy contento, porque desde muy pequeño intuía que ésta sería mi vida. Todavía recuerdo la emoción que sentí cuando me subí al camión y dejé la casa de mis papás. Ahora tengo claro que, para ser Misionero Xaveriano, se requiere tener desprendimiento de muchas cosas: de los padres, de la familia, de los amigos y, desde luego, de mi patria; pero, te repito: esta es mí vida y estoy feliz de tenerla», refiere exaltado el seminarista.
Para el sacerdote Efraín Gomes Valderrama, director del Colegio Centro Unión, la vida de los seminaristas xaverianos es una vida de discernimiento, en la cual deben de fundamentar adecuadamente su apostolado. «Ser seminarista y posteriormente sacerdote se debe principalmente al llamado de Dios; para mí no hay otra razón. A nosotros, simplemente, nos corresponde descubrir los gérmenes de vocación de cada uno de ellos y cultivarlos», finaliza. |