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Los dogmas frente a la reforma petrolera Imprimir
Escrito por Antonio Maza   
Domingo 15 de Junio 2008

NUESTRO PAÍS

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Parecería exagerado hablar de dogmas en un tema tan terrenal como es la reforma de PEMEX, que ahora se está debatiendo. Pero no lo es.

Por Antonio Maza Pereda

Parecería exagerado hablar de dogmas en un tema tan terrenal como es la reforma de PEMEX, que ahora se está debatiendo. Pero no lo es. Claro que no se habla de dogmas; sonaría poco republicano. Pero el debate se está conduciendo con dogmatismo; cada bando afirma «verdades» indiscutibles. Se expone, pero no se argumenta, es decir, no se demuestra la lógica de lo que se expone.

Pero hay un tema que no se discute. Todos los bandos están de acuerdo en algo. Todos se apoyan en este axioma: «A PEMEX hay que darle dinero». Si usted revisa con cuidado lo que se está debatiendo, el punto de desacuerdo es cómo le va a llegar ese dinero a PEMEX: a través de inversión pública o de participación privada, o una combinación de ambas.

La pregunta es: ¿Basta con el dinero? ¿Todo está tan bien en PEMEX que, con solo darle mayor presupuesto, se volverá competitivo? Claramente, hay que meterle dinero a PEMEX; es una condición necesaria, pero no es suficiente para sacarlo de su pésima situación. PEMEX es como un enfermo grave, que tiene una serie de síntomas, entre los cuales hay uno que es la fiebre. Por supuesto, hay que atenderla: urge bajarle la fiebre. Pero eso no basta: hay que atender los demás síntomas y, sobre todo, tener claridad en la causa o causas de la enfermedad. No basta con darle aspirinas.

¿Qué nos asegura que ese dinero se empleará bien? La historia de PEMEX nos muestra que ha sido un pésimo administrador. ¿Qué propone esta propuesta para que sea un excelente administrador? Eso, que es fundamental, no se está debatiendo. Dogmáticamente se dice que basta con darle más dinero y «autonomía de gestión», o sea, que se lo gaste como le parezca bien. PEMEX se parece a un enfermo alcohólico, que quiere «curarse» tomando más licor. No solo eso: quiere que le demos acceso libre a la bebida, para que «se siga curando». ¿Es una buena solución?

Y no nos vengan con que eso se resuelve con que no haya corrupción. Es como decir que un alcohólico se sana no emborrachándose. El tema es mucho más complejo y profundo. Y, por desgracia, este supuesto debate no lo está atendiendo. Señores senadores, diputados, poder ejecutivo: la tarea está incompleta. Hay que volver a hacerla: tal como está no puede recibir una buena calificación.
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