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«Quiero amor y no sacrificio» |
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Escrito por Sandra Ramírez
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Domingo 15 de Junio 2008 |
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DESDE EL VATICANO 
El amor y la misericordia son la clave para «vivir verdaderamente», afirma Benedicto XVI
Por Sandra Ramírez / Exclusivo para El Observador
Las lluvias de primavera y los miles de fieles presentes en la plaza de San Pedro fueron testigos del mensaje dominical del papa Benedicto XVI el pasado 8 de junio de 2008.
«Quiero amor y no sacrificio», afirmó tras reflexionar sobre el contenido que se introduce en el corazón de la Biblia. El mensaje del Santo Padre se centró en el significado preciso de las palabras del profeta Oseas (6, 3-9) citadas en el Antiguo Testamento.
«La verdadera religión consiste en el amor a Dios y al prójimo», subrayó el Papa apoyándose en los Evangelios de san Mateo. El mensaje cristiano llega a través del amor y la misericordia; «esto es lo que da valor al culto y a la práctica de los preceptos», reiteró el Pontífice.
«No son los sanos quienes necesitan del médico, sino los enfermos [...] no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». Comentando las palabras de Jesucristo en el evangelio de Mateo (cfr. Mt 9, 12-13), el Pontífice invitó a los fieles a hacer suyas las palabras de San Agustín en sus Confesiones: «¡Ten piedad de mí, Señor! Mira que no te escondo mis heridas: Tú eres el médico, yo el enfermo; tú eres misericordioso, yo mísero... Toda mi esperanza está puesta en tu gran misericordia».
Durante los saludos en diferentes idiomas a los peregrinos en la plaza de San Pedro, el obispo de Roma explicó la medida en que las palabras de Jesús en el evangelio de Mateo dan significado al mensaje del profeta Oseas y las palabras de san Agustín que explican la misericordia de Dios manifiestada en el «Cristo médico» que sana al hombre herido por el pecado. Responder a la misericordia de Dios, añadió el Papa, supone «estar preparados para rechazar todo aquello que nos separa de Dios, de manera que podamos responder generosamente a su llamada».
El hombre sufre por su egoismo que no le deja lugar a una vida auténtica, afirmò el sucesor de san Pedro al decir que «la separación de Dios, el pecado, hace a la humanidad enferma». Cristo es el médico que trae la curación y devuelve al ser humano la salud. «Él abrirá nuestra vida a Dios y a los demás». El Papa impartió su bendición a los fieles peregrinos invitándoles a «vivir verdaderamente», acercandose con confianza a Jesucristo y recibiendo su amor eterno que sana los corazones de quienes sufren. |