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El escándalo y el Sagrado Corazón Imprimir
Escrito por Javier Algara   
Domingo 15 de Junio 2008

VIGÍA

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Sex and the City y su maquillaje cinematográfico: "Se trataba de dar relevancia  social al pecado, convertirlo en algo deseable, vendible; que la gente se sienta socialmente  orgullosa de pecar".

Por Javier Algara

Recientemente se empezó a exhibir una versión «higienizada» de una popularísima serie de TV  americana - Sex and the City- que también fue llevada al teatro. Su contenido: un grupo de  mujeres describen sus múltiples y heterogéneas aventuras sexuales con toda frescura. No estaba  prohibido ningún tema, ni ningún tipo de vocabulario. La serie original de TV, en principio  orientada al público adulto, terminó, pero dado el éxito obtenido, se decidió que con un poco de  maquillaje se podría lograr una versión cinematográfica que pasara la censura gubernamental y  pudiera ser vista también por los adolescentes. Y lo lograron. En palabras de uno de sus  productores, Michael Patrick King, la cinta constituye el grado máximo de suciedad que se puede  lograr sin dejar de estar limpio. En otras palabras, lo que se buscaba con la «higienización»,  lograda a través del uso de eufemismos y otras estratagemas parecidas, no era sino salvaguardar  la prioridad de la suciedad; hacer ver al pecado con un aura de limpieza. No existía ningún  interés en hacer buena una película mala. La salvaguarda de la vida moral de los jóvenes no era  algo prioritario. Sería ingenuo afirmar que los eufemismos que maquillan el mal en la cinta van a  evitar que los jóvenes lo capten y se vean influenciados por él. Se trataba de dar relevancia  social al pecado, convertirlo en algo deseable, vendible; que la gente se sienta socialmente  orgullosa de pecar. Obviamente, a mayor aceptación social del pecado sobreviene un mayor  desmadejamiento del tejido social, mayor trivialización de la vida de parte de los jóvenes, mayor  desintegración familiar. Como escribió G.K.Chesterton en el Autobús del Padre Brown: «Habría  menos escándalo si la gente dejara de idealizar el pecado y de querer presentarse como  pecadores». En el fondo el ser humano aborrece el pecado, pero es incapaz de sustraerse a él por  sus solas fuerzas, sobre todo si la sociedad lo hace ver como algo social y políticamente  correcto. Esta sublimación social del mal a través de los medios de comunicación es una forma  moderna del escándalo contra el que previene el Señor, y de cuyos promotores señala Él que harían  bien en colgarse una piedra de molino al cuello y echarse al mar. Afortunadamente, el mismo Jesús  brinda una magnífica alternativa a ese terrible destino de los escandalizadores, los cuales en su  mismo pecado encuentran la piedra que los hundiría: la invitación a llegarse a Él quienes anden  cargados y agobiados. El Sagrado Corazón ha prometido: «Los pecadores hallarán en mi Corazón la  fuente, el océano infinito de la misericordia». En el corazón humano de Jesús late el amor  infinito de Dios.
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