JHS
   Jueves 20 de Noviembre 2008   Inicio arrow No. 675 (15 de junio de 2008) arrow Los rostros anónimos de cada día
Inicio
Buscar
Archivo
Contacto
Nosotros
Directorio
Suscripciones
Boletín
¡Escucha México!
Noticias Zenit
Enlaces

Red de periodistas, escritores y medios católicos de habla hispana

El mundo visto desde Roma

Red Global Católica

Valorar la sexualidad de acuerdo al plan de Dios

Iluminando al mundo

El lugar de encuentro de los católicos en la red

Fuentes RSS
Los rostros anónimos de cada día PDF Imprimir Correo
Escrito por Fernando Pascual   
Domingo 15 de Junio 2008

Image

Por la calle, en el autobús, en una estación de metro. Se cruzan ante mí tantos rostros anónimos,  tantas miradas opacas, tantas existencias misteriosas.

Por Fernando Pascual

Por la calle, en el autobús, en una estación de metro. Se cruzan ante mí tantos rostros anónimos,  tantas miradas opacas, tantas existencias misteriosas.

Detrás de cada rostro hay una historia, una familia, unos sueños. Quizá  le esperan en casa el  esposo o la esposa, los hijos o los padres. Quizá vive solo, en medio de penas profundas. Quizá  está alegre, porque pronto llegará el día de la boda o nacerá el primer hijo. Quizá sufre, porque  hace pocos días murió su mejor amigo o ya no sabe cómo pagar las deudas a final de mes.

Son tantos los rostros a los que no accedo, a los que no puedo conocer. Porque muchos prefieren  seguir en un anonimato más o menos seguro, o porque me faltaría tiempo, o porque yo mismo vivo  encadenado entre mis proyectos, mis angustias, mis dudas, mis egoísmos.

Pero hay un modo de abrirse a esos corazones, de llegar misteriosamente a vidas desconocidas:  desde el corazón de Dios.

Para Dios no hay seres erráticos ni misteriosos caminantes. Para Dios cada uno es un hijo,  también si tiene un corazón herido por el pecado, también si sufre por una pena profunda que le  impide mirar al cielo y abrirse a la esperanza.

Desde Dios y con Dios puedo cambiar mi actitud ante ese rostro hosco y triste, puedo mirar con  ojos nuevos a quienes pasan a mi lado. Superaré mis prejuicios para no quedarme ni en el traje,  ni en la raza, ni en el idioma desconocido de quien sube y baja de un tren que sigue su marcha  cotidiana.

Son muchos los rostros anónimos con los que me encuentro en este rápido viaje de la vida. Cuando  los mire como Dios los ve, cuando llegue a amarlos como Cristo en el Calvario, reconoceré en  ellos no sólo a amigos, sino a hermanos, alcanzados por un mismo Amor magnífico, invitados, como  yo, a un banquete eterno.

Si vamos juntos, si tenemos un mismo Padre, si el Evangelio es para ellos y para mí, ¿no será el  momento de tender la mano y abrir el alma en tantas ocasiones en que puedo darles un poco de mi  tiempo, un poco de mi cariño, unas palabras amistosas, para ayudarles y dejarme ayudar por ellos  en el camino que nos lleva hacia el mismo cielo?

Pancarta
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org. La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor. D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2008