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La evolución no es cosa de ateos PDF Imprimir Correo
Escrito por Diego García Bayardo   
Domingo 15 de Junio 2008

CULTURA

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Muchos católicos, incluso sacerdotes, han participado en la investigación
sobre la prehistoria y la evolución del hombre __ Los creyentes pueden estar tranquilos

Por Diego García Bayardo

Es común en ciertos ambientes creer que la religión y la ciencia son, de algún modo,  incompatibles, o suponer que los cristianos no pueden aceptar la teoría de la evolución porque  parece contradecir al Antiguo Testamento. Sin embargo, la evolución no sólo es aceptada por  millones de católicos con una tranquilidad imposible para muchos protestantes, sino que muchos  católicos han participado activamente en la investigación científica que ahora permite concebir  la evolución como una teoría bastante sólida.

Mencionaremos algunos sacerdotes que en el siglo XX trabajaron arduamente en la búsqueda e  interpretación de restos fósiles y tecnología prehistórica, pues con su trabajo ampliaron nuestro  conocimiento sobre el hombre y su historia evolutiva.

Pierre Teilhard de Chardin
Es quizá el paleontólogo católico más famoso, aunque también el más polémico. Nació en Francia en  1881 e ingresó a la orden jesuita. Se doctoró en ciencias naturales en La Sorbona y participó en  diversos proyectos paleontológicos en Europa y Asia. Su principal aportación fue haber  participado, junto con el abate Breuil y otros científicos, en el descubrimiento del Sinanthropus  u Hombre de Pekín, conocido actualmente como Homo erectus pekinensis. Se trata de un ancestro  humano que vivió en la actual China desde hace unos 600 000 años hasta hace unos 200 000.

El padre Teilhard participó tanto en la identificación de los restos fósiles como en el estudio  de las herramientas de piedra atribuidas a dicho homínido.

Henri Breuil
Nació en Francia en 1877 y fue ordenado sacerdote en 1900. Como arqueólogo y estudioso de la  paleontología humana, estudió ampliamente el arte rupestre europeo, especialmente en yacimientos  tan importantes como Combarelles, Font-de-Gaume, Lascaux y Altamira, y propuso interpretaciones  acerca del arte prehistórico en general y de sus significados. También participó en el  descubrimiento del Sinantropus en el yacimiento de Chou-Ku-Tien y llamó chukutiense al conjunto  de herramientas primitivas, talladas en cuarcita y en piedra volcánica, que se atribuyen al  Sinantropus.

Hugo Obermaier
Sacerdote y paleontólogo, nació en Regensburg, Alemania, en 1877 y se ordenó sacerdote en 1900  (coincidiendo notablemente las fechas con las del P. Breuil). Estudió arqueología, paleontología  y varias disciplinas más, y se especializó en el estudio de los homínidos europeos de la Edad de  Hielo.

Colaboró estrechamente con Breuil en sus estudios sobre pinturas rupestres y arte prehistórico y  trabajó ampliamente en los yacimientos prehistóricos de España.

Emilio Palafox
Español, es doctor en ciencias biológicas, sacerdote y miembro del Opus dei. Ha publicado  diversos libros sobre la evolución biológica y el origen del hombre y es un importante difusor  sobre el estado actual del pensamiento de la Iglesia en torno al origen del hombre y su  evolución.



Creer en la evolución no es tan difícil

En las iglesias protestantes de corte fundamentalista está prácticamente prohibido creer o  incluso hablar de la evolución humana. Para aquellos que creen en una interpretación literal de  la Biblia, la idea sola de que el hombre pueda haber evolucionado a partir de otros primates  parece una verdadera herejía, lo cual suele poner en conflicto a las iglesias con las escuelas y  las instituciones de investigación. El estudiante cristiano fundamentalista debe elegir entre su  fe y la enseñanza científica que recibe, y se ve obligado a percibir la ciencia y la religión  como dos paradigmas antagónicos irreconciliables.

Sin embargo, para los católicos el panorama no es tan complicado. La Iglesia no evade el problema  aparentemente insoluble que plantean el evolucionismo por un lado y el creacionismo por otro, y  afirma que dos verdades no pueden ser, en el fondo, contradictorias, ya que finalmente ambas  proceden de Dios.

Los descubrimientos paleontológicos a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI han dado una gran  solidez a la teoría de que el hombre procede físicamente de otras formas de vida más simples, y  este aserto hoy en día parece ya irrebatible. Tanto es así que los fundamentalistas, cuando  tratan de desacreditar a los científicos, acaban diciendo necedades verdaderamente increíbles.  Por ejemplo, en sectas como los Adventistas del Séptimo Día se ha manejado la proposición de que  los fósiles, tanto de homínidos como de animales prehistóricos, son creados por el diablo para  engañar a la gente y hacerle dudar de la literalidad del Génesis. Otras iglesias se aprovechan de  algunos errores cometidos por científicos —por ejemplo, el caso del fraude del Hombre de  Piltdown— para dar la impresión de que todos los hallazgos de fósiles son espurios.

Sin embargo, la Iglesia católica no considera la creencia en la evolución del cuerpo humano como  cosa contraria a la fe. La Iglesia reconoce que el Génesis no debe interpretarse literalmente y  que la Biblia no pretende darnos información científica en el sentido riguroso del término, por  lo que corresponde al hombre, con su intelecto y su ciencia, averiguar el funcionamiento material  del cosmos.

¿Significa esto que la Iglesia acepta en bloque la teoría de la evolución y las afirmaciones de  la ideología evolucionista? No, tampoco. Para el católico está abierta la puerta para creer en  las afirmaciones científicas que no contradigan a la fe, así que nuestra aceptación de la teoría  de la evolución tiene sus límites. Señalemos los principales:

1.- La Iglesia acepta la investigación científica sobre el origen del cuerpo del hombre, pero  exige gran precaución a la hora de afirmar cualquier proposición teórica al respecto.

2.- No podemos creer que el alma humana sea producto de la evolución. Los católicos creemos que  el alma fue creada directamente por Dios. El alma humana no es un ingrediente del hombre, sino  aquello que lo hace verdaderamente hombre. De ahí que la creación del hombre no pueda ser sólo  una cuestión de evolución biológica, sino un hecho histórico deseado y llevado a cabo por la  voluntad de Dios.

3.- La Biblia, en ambos Testamentos, afirma la unidad del género humano y su procedencia de una  primera pareja (Adán y Eva). Esta proposición, llamada monogenismo, es la que acepta la Iglesia,  de ahí que por el momento y quizá para siempre, estará considerada contraria a la fe la hipótesis  del poligenismo, que afirma la procedencia del ser humano de muchas parejas primigenias.

En conclusión, la Iglesia está abierta hacia el pensamiento científico y sus aportaciones, por lo  que el católico puede integrar en su pensamiento religión y ciencia sin conflictos. A diferencia  del protestante fundamentalista, el católico puede vivir tranquilamente su fe, su cultura,  educación, etc., sin tener que elegir, injustamente y de manera definitiva, entre una parte u  otra de la verdad.

Diego García Bayardo

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