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CULTURA 
Muchos católicos, incluso sacerdotes, han participado en la investigación sobre la prehistoria y la evolución del hombre __ Los creyentes pueden estar tranquilos
Por Diego García Bayardo
Es común en ciertos ambientes creer que la religión y la ciencia son, de algún modo, incompatibles, o suponer que los cristianos no pueden aceptar la teoría de la evolución porque parece contradecir al Antiguo Testamento. Sin embargo, la evolución no sólo es aceptada por millones de católicos con una tranquilidad imposible para muchos protestantes, sino que muchos católicos han participado activamente en la investigación científica que ahora permite concebir la evolución como una teoría bastante sólida.
Mencionaremos algunos sacerdotes que en el siglo XX trabajaron arduamente en la búsqueda e interpretación de restos fósiles y tecnología prehistórica, pues con su trabajo ampliaron nuestro conocimiento sobre el hombre y su historia evolutiva.
Pierre Teilhard de Chardin Es quizá el paleontólogo católico más famoso, aunque también el más polémico. Nació en Francia en 1881 e ingresó a la orden jesuita. Se doctoró en ciencias naturales en La Sorbona y participó en diversos proyectos paleontológicos en Europa y Asia. Su principal aportación fue haber participado, junto con el abate Breuil y otros científicos, en el descubrimiento del Sinanthropus u Hombre de Pekín, conocido actualmente como Homo erectus pekinensis. Se trata de un ancestro humano que vivió en la actual China desde hace unos 600 000 años hasta hace unos 200 000.
El padre Teilhard participó tanto en la identificación de los restos fósiles como en el estudio de las herramientas de piedra atribuidas a dicho homínido.
Henri Breuil Nació en Francia en 1877 y fue ordenado sacerdote en 1900. Como arqueólogo y estudioso de la paleontología humana, estudió ampliamente el arte rupestre europeo, especialmente en yacimientos tan importantes como Combarelles, Font-de-Gaume, Lascaux y Altamira, y propuso interpretaciones acerca del arte prehistórico en general y de sus significados. También participó en el descubrimiento del Sinantropus en el yacimiento de Chou-Ku-Tien y llamó chukutiense al conjunto de herramientas primitivas, talladas en cuarcita y en piedra volcánica, que se atribuyen al Sinantropus.
Hugo Obermaier Sacerdote y paleontólogo, nació en Regensburg, Alemania, en 1877 y se ordenó sacerdote en 1900 (coincidiendo notablemente las fechas con las del P. Breuil). Estudió arqueología, paleontología y varias disciplinas más, y se especializó en el estudio de los homínidos europeos de la Edad de Hielo.
Colaboró estrechamente con Breuil en sus estudios sobre pinturas rupestres y arte prehistórico y trabajó ampliamente en los yacimientos prehistóricos de España.
Emilio Palafox Español, es doctor en ciencias biológicas, sacerdote y miembro del Opus dei. Ha publicado diversos libros sobre la evolución biológica y el origen del hombre y es un importante difusor sobre el estado actual del pensamiento de la Iglesia en torno al origen del hombre y su evolución.
Creer en la evolución no es tan difícil
En las iglesias protestantes de corte fundamentalista está prácticamente prohibido creer o incluso hablar de la evolución humana. Para aquellos que creen en una interpretación literal de la Biblia, la idea sola de que el hombre pueda haber evolucionado a partir de otros primates parece una verdadera herejía, lo cual suele poner en conflicto a las iglesias con las escuelas y las instituciones de investigación. El estudiante cristiano fundamentalista debe elegir entre su fe y la enseñanza científica que recibe, y se ve obligado a percibir la ciencia y la religión como dos paradigmas antagónicos irreconciliables.
Sin embargo, para los católicos el panorama no es tan complicado. La Iglesia no evade el problema aparentemente insoluble que plantean el evolucionismo por un lado y el creacionismo por otro, y afirma que dos verdades no pueden ser, en el fondo, contradictorias, ya que finalmente ambas proceden de Dios.
Los descubrimientos paleontológicos a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI han dado una gran solidez a la teoría de que el hombre procede físicamente de otras formas de vida más simples, y este aserto hoy en día parece ya irrebatible. Tanto es así que los fundamentalistas, cuando tratan de desacreditar a los científicos, acaban diciendo necedades verdaderamente increíbles. Por ejemplo, en sectas como los Adventistas del Séptimo Día se ha manejado la proposición de que los fósiles, tanto de homínidos como de animales prehistóricos, son creados por el diablo para engañar a la gente y hacerle dudar de la literalidad del Génesis. Otras iglesias se aprovechan de algunos errores cometidos por científicos —por ejemplo, el caso del fraude del Hombre de Piltdown— para dar la impresión de que todos los hallazgos de fósiles son espurios.
Sin embargo, la Iglesia católica no considera la creencia en la evolución del cuerpo humano como cosa contraria a la fe. La Iglesia reconoce que el Génesis no debe interpretarse literalmente y que la Biblia no pretende darnos información científica en el sentido riguroso del término, por lo que corresponde al hombre, con su intelecto y su ciencia, averiguar el funcionamiento material del cosmos.
¿Significa esto que la Iglesia acepta en bloque la teoría de la evolución y las afirmaciones de la ideología evolucionista? No, tampoco. Para el católico está abierta la puerta para creer en las afirmaciones científicas que no contradigan a la fe, así que nuestra aceptación de la teoría de la evolución tiene sus límites. Señalemos los principales:
1.- La Iglesia acepta la investigación científica sobre el origen del cuerpo del hombre, pero exige gran precaución a la hora de afirmar cualquier proposición teórica al respecto.
2.- No podemos creer que el alma humana sea producto de la evolución. Los católicos creemos que el alma fue creada directamente por Dios. El alma humana no es un ingrediente del hombre, sino aquello que lo hace verdaderamente hombre. De ahí que la creación del hombre no pueda ser sólo una cuestión de evolución biológica, sino un hecho histórico deseado y llevado a cabo por la voluntad de Dios.
3.- La Biblia, en ambos Testamentos, afirma la unidad del género humano y su procedencia de una primera pareja (Adán y Eva). Esta proposición, llamada monogenismo, es la que acepta la Iglesia, de ahí que por el momento y quizá para siempre, estará considerada contraria a la fe la hipótesis del poligenismo, que afirma la procedencia del ser humano de muchas parejas primigenias.
En conclusión, la Iglesia está abierta hacia el pensamiento científico y sus aportaciones, por lo que el católico puede integrar en su pensamiento religión y ciencia sin conflictos. A diferencia del protestante fundamentalista, el católico puede vivir tranquilamente su fe, su cultura, educación, etc., sin tener que elegir, injustamente y de manera definitiva, entre una parte u otra de la verdad.
Diego García Bayardo |