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Escrito por Claudio G. Osornio   
Domingo 15 de Junio 2008

UN DÍA EN EL SEMINARIO

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Mirada al interior del Seminario Diocesano de la Inmaculada Concepción, de Celaya, Guanajuato

Por Claudio G. Osornio

El sacerdocio diocesano conlleva una alta responsabilidad pastoral. Un gran número de parroquias, templos e iglesias en la zona centro occidente del país es conducido atinadamente por presbíteros egresados de los seminarios diocesanos. El escrutinio social para con ellos es de alta exigencia y de tiempo completo.  En la ciudad de Celaya, Guanajuato, se ubica el Seminario Diocesano de la Inmaculada Concepción, que resulta ser uno de los más representativos de esta zona.

La vocación a tierna edad
Crisanto Rico Argote tomará en las próximas semanas la decisión  más importante de su vida: ordenarse como sacerdote diocesano. A la edad de los 12 años, el pequeño Crisanto le pidió a sus padres que le permitieran continuar su educación secundaria en algún seminario, cerca de su hogar.
    
Al menos la mitad de los seminaristas se ordenará
Actualmente el Seminario Diocesano de la Inmaculada Concepción cuenta con un total de 103 seminaristas;  18 de ellos cursan el último grado dentro del Seminario Mayor, donde se enseña la Teología. Según las estimaciones que mantiene el padre Alonso Calzada Guerrero —rector del seminario— es que al menos el 50 por ciento de los actuales seminaristas  se ordenarán como sacerdotes en un futuro próximo.         

«Pido a Dios fuerza para ser un sacerdote de servicio»
A pesar de mostrarse en un principio temerosos, los padres de Crisanto se trasladaron desde la comunidad de San Vicente, ubicada en el municipio de Dolores Hidalgo, Guanajuato, hasta el Seminario Diocesano de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Celaya y, luego de tener una amplia conversación con uno de los encargados, accedieron a que su hijo tomara un curso previo, con el fin de que el joven experimentara la estancia en el Seminario.  Crisanto Rico actualmente cuenta con 26 años de edad y los últimos 14 años de su vida los ha pasado en el seminario. «Sé la responsabilidad y la gravedad de mi decisión, sé que no seré un ángel después de ordenado, pero le he pedido a Dios que me de fuerzas para ser un sacerdote de servicio y generosidad para con mis semejantes», enfatiza el seminarista.  

Nueve de cada diez parroquias son diocesanas
En un mensaje difundido a la Penitenciaria Apostólica el pasado viernes 7 de marzo del presente año, el Papa Benedicto XVI estimó conveniente revalorar el sacramento de la Confesión como camino para la conversión. En esa ocasión  su Santidad manifestó: «A quien ama mucho, Dios le perdona todo; quien confía en sí mismo, en sus propios meritos, está como cegado por su yo, y su corazón se endurece en el pecado». Actualmente el 90 por ciento de la parroquias en la diócesis de Celaya son dirigidas por sacerdotes diocesanos, quienes imparten el sacramento de la Confesión.                     

Con la mira puesta en Cristo
Tadeo Antonio Morales cursa el tercer año en filosofía dentro del Seminario de la Inmaculada Concepción. Actualmente cuenta con 21años de edad y, aunque todavía se ve lejano el día en que tendrá que definir su apostolado, mantiene firmemente la inquietud de ser sacerdote: «Si yo llego a ser sacerdote me gustaría estar muy cercano a la gente y vivir como Cristo nos enseñó. Sé que está todavía lejano ese día, pero yo pienso que lo importante es seguir el ejemplo de Cristo, ayudando a los que menos tienen, a toda esa gente que espera algo».

En 2006 el escritor Ignacio Muguiro publicó en la ciudad de Madrid, España, un articulo que tituló «Un Cura Feliz». En uno de su párrafos advierte. «¡Cura! Sin salud, sin plata, sin coche ni móvil, sin viajes, sin aplausos, sin juergas, sin amores tapados, ni espacios escondidos…, llevas una orquesta de alegría en tu corazón, de pie, mirando las estrellas desde donde te habla Dios. Contagias a tu paso esa felicidad que Dios te da y que no se compra en la tierra».

Pancarta
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