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Benedicto XVI: la fe en el camino de la vida PDF Imprimir Correo
Escrito por Sandra Ramírez   
Domingo 08 de Junio 2008

DESDE EL VATICANO

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Benedicto XVI: la fe en el camino de la vida

Por Sandra Ramírez / Exclusivo para El Observador

Durante la audiencia general del miércoles 28 de mayo, el Santo Padre continuó el ciclo de catequesis sobre los Padres de la Iglesia al presentar la figura del papa Gregorio Magno, uno de los cuatro doctores de Occidente.

Fe y esperanza en el camino de la vida
¡Gregorio fue verdaderamente un gran Papa y un gran Doctor de la Iglesia!, exclamó el Papa ante los miles de fieles presentes en el encuentro semanal.

«Un hombre inmerso en Dios», explicó el Papa al presentar al santo como un verdadero pacificador en tiempos turbulentos. Gregorio Magno demostró que la paz y la esperanza se obtienen de Dios.

Gregorio «el Grande» nació en Roma en torno al año quinientos cuarenta, en el seno de una familia patricia distinguida por la nobleza de su sangre, el apego a la fe cristiana y por los servicios prestados a la Sede Apostólica. Fue gobernador de Roma pero dejó el cargo para iniciar una vida monacal dedicada al estudio de la Biblia y de los Padres de la Iglesia. El papa Pelagio II lo nombró diacono y lo envió como embajador a Constantinopla. Tras la muerte del Pontífice, san Gregorio le sucedió en la Sede de San Pedro y, a pesar de las difíciles condiciones en las que tuvo que actuar, consiguió conquistar la confianza de los fieles y adquirir una notoria autoridad moral. A pesar de su precaria salud, que le obligaba con frecuencia a permanecer en cama, su pontificado se caracterizó por una intensa actividad pastoral y una amplia labor de asistencia social.

La fe es alegría y por ello crea belleza
El pasado miércoles 20 de mayo, tras hablar del tesoro de la cultura cristiana, el Papa presentó durante la audiencia general, la figura de Romano Meloda, escritor, poeta y teólogo sirio del siglo VI. Otro verdadero testimonio de fe a través del cual Benedicto XVI explicó el arte cristiano como obras que recuerdan el tesoro de la cultura nacida de la fe y del corazón de Cristo. «La fe es amor y por ello crea poesía y crea música. La fe es alegría y por ello crea belleza».

El arte habla al corazón: las catedrales no son monumentos medievales, sino casas de vida «donde encontramos a Dios y nos encontramos los unos con los otros»; los iconos y la música viven en la vitalidad de la liturgia y de la fe. La creatividad y la innovación es la presencia de la belleza de Dios y de la alegría de ser hijos suyos, recalcó el Papa al afirmar: «Si la fe está viva, la cultura cristiana no se queda en algo ‘pasado’, sino que sigue viva y presente».


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