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Vocación de fuego: el arduo camino del sacerdocio PDF Imprimir Correo
Escrito por Claudio Osornio   
Domingo 08 de Junio 2008

UN DÍA EN EL SEMINARIO

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Seminario Conciliar Nuestra Señora de Guadalupe, de Querétaro

Por Claudio Osornio

Hay hombres que se alejan de las comodidades del hogar para trabajar en bien de su comunidad. Hay hombres que dan la espalda a elogios y fanfarrias para buscar el bien del prójimo. Enfrentan y superan las mismas vicisitudes que cualquier ser humano, y lo hacen por que los mantiene vivos una vocación distinta, una vocación de fuego.

Los seminaristas, principales responsables de su formación
En el Seminario Conciliar Nuestra Señora de Guadalupe el reloj marca las seis de la mañana. Alfonso, junto con otros 75 seminaristas, se levanta para comenzar un nuevo día. Tan sólo 15 minutos después, todos ellos se reúnen para realizar la primera alabanza a Dios.

La jornada será larga e inicia con el aseo personal. Minutos antes de las siete y media de la mañana se sirve el desayuno y, aproximadamente una media hora después, inician las clases de Filosofía y Teología. «Estamos luchando para que los seminaristas adquieran la responsabilidad de su educación», explica el rector del Seminario, el presbítero José Martín Lara Becerril.

El ejercicio sacerdotal, considera el padre Martín Lara, implica una ardua y dedicada preparación. «Aquí se imparten a los jóvenes los pilares básicos de lo que posteriormente será su vida como sacerdotes». Esos pilares no son otra cosa que los aspectos espiritual, humano, académico y, desde luego, el pastoral. El desempeño de los seminaristas en cada uno de ellos es vigilado celosamente por los sacerdotes que imparten cátedra en el seminario de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicado en la Colonia Hércules, dentro de la capital del estado de Querétaro.

Seminario en familia
Con la debida pedagogía, continúa el Padre Martín Lara, infantes de entre 12 y 13 años, que recién concluyen su educación primaria y que manifiestan el gusto por el sacerdocio, son instruidos en dichos aspectos. Actualmente, en el estado de Querétaro, un total de 150 infantes se encuentran inscritos en el denominado Seminario de Familia. Recibir a temprana edad esta preparación, asegura el Rector del Seminario, terminará por darles a los futuros sacerdotes la claridad vocacional suficiente para ejercer su alta encomienda.

La vocación implica una entrega total
Han pasado ya cerca de cinco horas desde que Alfonso, junto con sus compañeros seminaristas, ingresaron a clases. En unos instantes saldrán y, tras un breve descanso, se enfocarán a distintas actividades deportivas. La actividad física dentro del seminario es básica y ayuda templar el carácter de los seminaristas. Cuando faltan escasos minutos para las tres de la tarde ingresan al comedor y, una vez concluida la comida, comenzarán el rezo de su oración predilecta: el Rosario.

El padre José Morales Flores, vocero de la diócesis, considera que hoy en día la prueba de fuego del sacerdocio moderno es, sin duda, guardar debidamente el celibato. «San Pablo lo adelantaba en su evangelio. Los sacerdotes son tomados de nosotros los hombres, los seres humanos, es decir que pueden fallar en un momento dado. La vocación del sacerdocio implica una entrega total de la persona, así lo debemos entender y practicar; es una renuncia a sí mismo y tenemos que andar efectivamente en medio del fuego de la vida, tratando de sostenernos en dicha vocación. Pero estoy seguro de que Dios nos ayuda en todo momento», reitera el vocero de la Diócesis.

Una vez concluido el rezo del Rosario, Alfonso y sus demás compañeros se dirigen a sus aposentos para descansar y continuar después con sus trabajos y estudios escolares. Alrededor de la siete de la noche, todos sin excepción se dirigen a la capilla del Seminario, en donde por espacio de una hora participarán en la Santa Misa.

A las ocho de la noche se sirve la cena, para proseguir con el rezo de oraciones nocturnas. Cerca de las nueve de la noche se integran de tres a cuatro grupos de trabajo y se implementan diversas dinámicas o talleres.

Cuando el reloj marca las 10 de la noche, uno a uno los 76 seminaristas se retiran a sus aposentos, convencidos de que han escogido la mejor profesión del mundo: servir a Dios, siguiendo el ejemplo de su hijo Jesús.


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