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Violencia en la pareja (1ª parte) PDF Imprimir Correo
Escrito por Yusi Cervantes   
Domingo 08 de Junio 2008

CONSULTA

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Relato de una persona que quiere rehacer su vida matrimonial. 

 

Por Yusi Cervantes Leyzaola

Le escribo desde la República Dominicana.

Mi novio era tosco conmigo, me hablaba mal por cualquier cosa; pero yo notaba su gran amor por mí en su preocupación por mis pequeños problemas de salud, su atracción por mí (aunque no era muy apasionado), su unión, su entrega; pero era muy agresivo, aunque sólo verbalmente. Yo tenía depresión, producto de la relación anterior. Sin embargo, sus actitudes agresivas se fueron agravando más y más: me insultaba por cualquier cosa y me faltaba al respeto, hasta tal punto que durábamos varios meses sin vernos, pero siempre me llamaba. Luego de esto decidimos mudarnos juntos; yo ya había mejorado mi depresión y estaba más alegre, estaba 100% convencida de su amor. Al otro día de mudarnos juntos me dijo que no quería estar conmigo. Yo me puse como loca de dolor, le dije que había venido sin casarme, en contra de la opinión de mi padre.

Duré 25 días en la casa. Fue lo más parecido al infierno: él me empujaba cuando yo trataba de abrazarlo; yo decía que debía ser una pesadilla ya que nos acabábamos de mudar juntos, y él, con toda la frialdad, decía: «No, no es una pesadilla, es real». Yo estaba desmoronada y volví a mi casa. Los primeros meses me mostré dura, le dije que no sabía si volveríamos, y él quería volver —ahora dice que por agradecimiento—. Poco a poco me ablandó y le dije que sí, que volvería a mudarme con él sólo para comprobar que me iba a tratar bien antes de casarnos. Duramos un año viviendo juntos; desde los primeros diez días empezó a insultarme. Yo desarrollé trastorno obsesivo compulsivo con miedo a muchas cosas. Él me amenazaba de golpes todo el tiempo; nunca me golpeaba en sí, pero me zarandeaba. Pero el decía amarme —según él, porque yo me ponía histérica si no me decía que me amaba—. No aguanté y decidí irme de la casa, pero él se desmayó y para reanimarlo le tuve que decir: «Perdóname, es mentira que no te amo ya. Te amo», y fue calmándose. Durante este tiempo no tuvimos relaciones sexuales.

Yo me fui para España a vivir un año —pero no porque nos separásemos sino porque mi abuelo ya estaba muy mayor—. Yo ya no podía más por el maltrato y la falta de pasión de toda la relación, tanto que empecé a inventar que estaba con otro chico para que así él entendiese que o él cambiaba o me iba a perder. Lo empecé a notar depresivo, empezó a decir que era una basura, etc. De repente me dijo que no me amaba, que desde hacía tres años había dejado de amarme paulatinamente, que solo le duró el amor dos años, que luego de esto empezó a sentir un amor familiar por mí, muy fuerte, pero familiar.
Yo le expuse que fuéramos a un sacerdote, que según testimonios de muchas parejas con los años el amor se va volviendo así y se es feliz, y de vez en cuando renacen chispitas. Él me dijo que a nosotros no nos había renacido ni media chispita después de los dos años. ¿Pero como podía renacer si era un maltrato constante hacia mi persona? Eso no es tratar de salvar nada, eso es destruir una relación.

Yo también lo insulté mucho el último año, ya que no podía más de frustración. Él dice que yo lo aconsejaba como si fuera su madre y que para él yo soy como su familia ya, como madre o algo así, no como su pareja. Yo le dije que nos diéramos una verdadera oportunidad este verano que voy para el país, y que nos perdonásemos y volviésemos a empezar y sanar la relación y pedir ayuda a un sacerdote y psicólogo. El dice haber agotado todas las posibilidades.

Creo que él está cometiendo un grave error, ya que ahora podríamos ser felices con madurez y perdón reales. Me gustaría que me aconsejara. Para mí es muy importante, ya que yo le entregué mi corazón para hacer una familia juntos, para mí es sagrado eso, y no es obsesión; yo quiero hacerlo feliz y podríamos llevarnos muy bien si él quisiese superar sus problemas emocionales.

Carta resumida. La respuesta a esta consulta se publicará en el próximo número de El Observador.

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