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PORTADA El aborto no es una técnica “médica”, sino un acto injusto, un homicidio. 
Un caso de aborto selectivo (que resultó fallido) ha reabierto el debate sobre este tema. El Padre Fernando Pascual L.C., profesor de filosofía y de bioética, responde a ZENIT-El Observador.
—¿Podría explicarnos por qué se ha reabierto en Italia el debate sobre el aborto? —Se trata del caso de una mujer embarazada de gemelas. A través del diagnóstico prenatal, la mujer supo que una de ellas tenía el síndrome de Down, mientras la otra parecía sana. La madre decidió entonces (en junio de este año) abortar a la hija enferma. El equipo médico del hospital San Paolo (en Milán, Italia) eliminó por error a la hija sana y dejó en vida a la hija Down. Al poco tiempo, la madre pidió también que fuera eliminada la hija que había sobrevivido al aborto de su hermana. Sólo varias semanas después la prensa dio a conocer estos hechos. —¿Qué reacciones ha producido la noticia? —La publicación de la noticia ha suscitado un fuerte debate. Por un lado, los mismos defensores del aborto se han dado cuenta del gravísimo “error” cometido: un aborto selectivo no eliminó al feto “sentenciado” a morir, sino al feto querido por su madre. Pero necesitan abrir los ojos para darse cuenta de que el “error” es el mismo aborto, siempre, en todos los casos. Por otro lado, muchos han subrayado que es sumamente injusto eliminar a un hijo antes de nacer por tener defectos genéticos, por su ADN: abortar a los niños Down es caer en una mentalidad eugenésica. El núcleo del problema radica en la maldad intrínseca del aborto. El aborto no es una técnica “médica”, sino un acto sumamente injusto, un homicidio perpetrado contra uno de los seres humanos más indefensos, el hijo no nacido. —Seguramente este hecho no se habría convertido en noticia si los médicos no se hubieran equivocado. —Esto es lo más triste del caso. Para muchos la eliminación sistemática de miles y miles de embriones y fetos no deseados es vista como algo cotidiano: no es ninguna noticia. Incluso hay quienes ven como una práctica rutinaria el aborto que elimina a los hijos con defectos. Lo permite la ley italiana, como otras leyes en diversos lugares del mundo, y por eso no llama la atención a nadie. En realidad, ninguna vida humana vale menos que otra por no tener la perfección exigida por los adultos. El aborto es siempre un homicidio. —¿Qué piensa sobre el uso del diagnóstico prenatal? ¿Es correcto que los padres conozcan cómo es su hijo? —El diagnóstico prenatal, como todo diagnóstico, es un medio técnico que ayuda a conocer el estado de salud de un ser humano. Aplicarlo a los embriones y a los fetos es perfectamente válido dentro de una perspectiva terapéutica, es decir, en función del bien del hijo. Existen, además, importantes progresos en la medicina prenatal, que permiten atender algunas enfermedades o problemas del hijo antes o inmediatamente después de nacer. En cambio, el diagnóstico se convierte en un contrasentido cuando es usado como medio para decidir la eliminación de los hijos no deseados. Nunca un diagnóstico “médico” debería convertirse en una sentencia de muerte. —¿Todos los diagnósticos prenatales son seguros? —Hay que distinguir entre técnicas y técnicas. Algunas técnicas de diagnóstico prenatal, si son aplicadas de modo precoz o con poca pericia, pueden provocar daños graves a los embriones. Por eso conviene evitar un uso excesivo de los diagnósticos, en función del respeto que merece todo hijo, sano o enfermo. —Vivimos en un mundo que ve el aborto como una conquista de la mujer, un triunfo de la “libertad de elección”. Si una mujer no ama a su hijo porque está enfermo o porque no es como desearía, ¿puede encontrar alternativas al aborto? —Hay que ir más atrás. Es cierto que nadie, ni siquiera una madre, está obligado a amar a otro ser humano. Pero hemos de preguntarnos qué ocurre en una cultura en la que existen madres que no son capaces de amar al hijo, venga como venga. La sociedad, por su parte, está llamada a ofrecer apoyo moral y ayuda médica para que cualquier mujer que descubra que su hijo está enfermo no piense en el aborto como “solución”. En última instancia, si no es capaz de amar a un hijo que necesita tanto cariño y tantos cuidados humanos y sanitarios, puede darlo en adopción. Gracias a Dios, existen miles de familias dispuestas a adoptar a los niños que no son acogidos por sus madres. |