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Escrito por Javier Algara
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Domingo 01 de Junio 2008 |
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VIGÍA 
Este chiste perece reflejar la visión que de nosotros tienen los orientales.
Por Javier Algara
Les cuento un chiste que a mí me contó un coreano.
Unos ingleses están en el pub del barrio tomando una cerveza. De repente, una mosca despistada cae en el tarro de uno de ellos. ¡Qué horror! ¿Qué hará el afectado? Pues llama al mesero y le pide cortés pero firmemente que le cambie la cerveza.
En otro sitio, dos estadounidenses están disfrutando de una cerveza después del trabajo. Una mosca cae en el tarro de uno de ellos. ¿Cómo reacciona el interfecto? Inmediatamente telefonea a su abogado y le pide que demande al propietario del restaurante por falta de higiene y hacer peligrar la salud de los clientes.
A muchos kilómetros de ahí, en Japón, varios amigos están tomándose una Asahi, famosa marca cervecera de aquel país. También allá acontece lo mismo: una molesta mosca que había estado revoloteando entre el humo de los cigarrillos finalmente se zambulle en el vaso de uno de los amigos. ¿Qué hace éste? Pues entre caravanas y caravanas reclama al propietario del lugar, quien, también entre caravanas, se disculpa y lo invita a tomar gratuitamente otra cerveza.
Varios amigos mexicanos, entre tanto, se preparan a disfrutar de sus cervezas mientras ven el partido de futbol en la tele de su cantina favorita. La euforia provocada por los incidentes de la cancha no les permite percatarse de que una molesta mosca anda dando vueltas entre los vasos, los totopos y el guacamole. Finalmente, la mosca cae en la cerveza de uno de ellos, quien en ese momento iba a acercársela a los labios. Afortunadamente se dio cuenta del percance y no llegó a beberla. ¡Uuuggg! ¡Qué asco! ¿Qué hará nuestro compatriota? Fácil. Aprovecha que los demás están distraídos para intercambiar taimadamente su tarro con el de uno de sus compañeros de jolgorio. Y luego sigue disfrutando de la tarde futbolera.
Este chiste perece reflejar la visión que de nosotros tienen los orientales.
Y creo que hay algo de objetividad en esa visión. Basta comparar la actitud del compatriota del chiste con la de algunos personajes de la realidad mexicana que se llaman a sí mismos patriotas, pero que no dudan en perjudicar a sus conciudadanos si se trata de garantizar el beneficio propio. La supuesta defensa de la soberanía energética enarbolada por algunos mexicanos es un ejemplo concreto de ese oportunismo. Se trata de que el gobierno federal quede mal y ellos bien, aunque quien acabe pagando el pato sea México. Y sabemos que abundan los casos semejantes. |