JHS
   Jueves 20 de Noviembre 2008   Inicio arrow No. 634 (2 de septiembre de 2007) arrow La fe torturada
Inicio
Buscar
Archivo
Contacto
Nosotros
Directorio
Suscripciones
Boletín
¡Escucha México!
Noticias Zenit
Enlaces

Red de periodistas, escritores y medios católicos de habla hispana

El mundo visto desde Roma

Red Global Católica

Valorar la sexualidad de acuerdo al plan de Dios

Iluminando al mundo

El lugar de encuentro de los católicos en la red

Fuentes RSS
La fe torturada PDF Imprimir Correo
Escrito por Jaime Septién   
Domingo 02 de Septiembre 2007

PÓRTICO

Image

Hacer lo que ella hizo; sembrar la semilla que sembró y consolar el alma rota de millones de seres humanos, como ella la consoló, solamente es posible por la fuerza sobrenatural de la Gracia que habitó en su pequeño y arrugado cuerpo.

Por Jaime Septién

El próximo 5 de septiembre se cumple la primera década de la muerte de una grande de la fe católica: la beata Teresa de Calcuta.  Para celebrar este aniversario, el padre Brian Kolodiejchuk, postulador de su causa, ha decidido dar a la luz 40 cartas en las que la «Santa de los miserables» da cuenta, en diversas etapas que abarcan sus últimos 50 años de vida, de las crisis, las sequedades, las oscuridades y las ausencias por las que tuvo que pasar su fe en Dios.

El libro Mother Teresa: Come Be My Light, editado por Doubleday, ha salido a la venta esta semana y, desde luego, ha alimentado todo tipo de suspicacias sobre una mujer que, tres meses antes de recibir el Premio Nobel de la Paz, en 1979, le dijo a su confesor, el padre Michael Van Der Peet: «Jesús tiene un amor muy especial por ti; pero, lo que es para mí…, el silencio y el vacío son demasiado grandes; miro y no veo, escucho y no oigo».  Suspicacias malsanas y tendenciosas: el mundo (y menos el mundo de la prensa) no puede soportar la coherencia, la hondura, la pureza de la caridad cristiana.  Tiene que echarle lodo.

En efecto, la beata Teresa de Calcuta sufrió «un enorme vacío y oscuridad»; pasó «aridez» y navegó a través de una torturante insistencia por la presencia de Jesús en su corazón e incluso en la Eucaristía.  Pero esto no le resta un ápice a su enorme estatura humana y cristiana.  Al contrario: hacer lo que ella hizo; sembrar la semilla que sembró y consolar el alma rota de millones de seres humanos, como ella la consoló, solamente es posible por la fuerza sobrenatural de la Gracia que habitó en su pequeño y arrugado cuerpo.

Celebro que se haya editado este libro (no obstante el deseo de la beata de que sus cartas fueran quemadas a su muerte).  Nos explica dos cosas: que los santos son humanos y que la llamada a la santidad es universal.  Sólo los valientes la aceptan, aunque su corazón tiemble de horror ante la vastedad de la entrega y ante la sangre de la cruz.


Pancarta
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org. La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor. D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2008