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VIGÍA

Aunque las estadísticas puedan parecer algo lejano de la realidad, el fantasma de un continente sin niños es, por sí mismo, algo objetivamente aterrador.
Por Javier Algara / San Luis Potosí
¿Cuánto tiempo le toma a usted, estimado lector, leer una cuartilla como esta? ¿Dos minutos? ¿Tres? Vamos a suponer que cuatro, porque usted es de los que se toman las cosas con calma. Pues déjeme decirle que en ese mismo período ocho matrimonios europeos habrán terminado en divorcio. Parece increíble, ¿verdad? Pues hay algo todavía más difícil de creer. En esos mismos 240 segundos habrán muerto en el Viejo Continente, abortados, 9.6 niños que estaban en el vientre de sus madres. Cerca de un millón de abortos se realizan anualmente en los países de aquel continente. En España, un matrimonio de cada 1.3 que se celebran, acaba disolviéndose. La suma de divorcios y abortos da como resultado que haya menos nacimientos en la Unión Europea. Añada a esas cifras otro dato: los jóvenes europeos no tienen prisa en casarse; cada vez lo posponen más. Eurostat, la agencia de estadística de la Unión Europea, informa que la edad media en que los varones contraen matrimonio es de 30 años, y de 27 entre la mujeres. En el tiempo que va del 1980 al 2005, la tasa de matrimonios nuevos entre jóvenes decreció en 22 %. Todo eso fue informado por el presidente del Instituto de Política Familiar, Eduardo Hertfelder. ¿Se trata de simples curiosidades numéricas? ¿O tiene alguna consecuencia? Veamos: si España conserva el ritmo que lleva en cuanto a divorcios y matrimonios tardíos, para el año 2009 el número de nuevos matrimonios y el de matrimonios fracasados estarán empatados. El mismo señor Hertfelder dice que el aborto se ha convertido en la primera causa de mortalidad en Europa.
Aunque las estadísticas puedan parecer algo lejano de la realidad, el fantasma de un continente sin niños es, por sí mismo, algo objetivamente aterrador. Al igual que el inevitable sufrimiento y otras secuelas que conlleva la separación de un matrimonio, por más que eso no se comente a la hora de analizar los números. Pero quizás lo más aterrador es pensar que ese fenómeno no hace más que constatar en el mundo la existencia del pecado, cuyo fruto es el miedo a entregar la propia vida a otro. ¿Cómo entregar la vida entera a una esposa o a un niño, que ni siquiera nos lo agradecerá? ¿Cómo perdonar al esposo que fue infiel? Eso equivale a morir y nadie quiere morir. Nadie es capaz de morir por el otro.... si no tiene a Jesucristo, claro.
Es curioso que hasta las cifras estadísticas nos llevan a Jesucristo. Por algo es Él el alfa y la omega.
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