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CRITERIOS 
El Papa quiere acercarnos al verdadero y auténtico Jesús de Nazaret. El común de fieles no se plantea el problema de la historicidad de Jesús. Cree y acepta lo que la Iglesia ha creído y enseñado por siglos.
Por Mario De Gasperín Gasperín, obispo de Querétaro Muy pronto aparecerá la versión española del libro del papa Benedicto XVI titulado Jesús de Nazaret. Será un éxito de librería, como lo ha sido en su original alemán y en los diversos idiomas a que ha sido traducido. No es un libro fácil, se ha dicho, pero debe ser lectura obligada para todo aquel que quiera acercarse con seriedad al misterio de Jesús y conocer mejor su fe. Es un libro de primera necesidad para todo católico instruido o para quien quiera superar su cultura de Discovery Channel. La premisa o advertencia preliminar nos señala la intención de la obra. El Papa quiere acercarnos al verdadero y auténtico Jesús de Nazaret. El común de fieles no se plantea el problema de la historicidad de Jesús. Cree y acepta lo que la Iglesia ha creído y enseñado por siglos, y ella es la garante de la fe de los iletrados. La Iglesia responde por la fe de sus hijos pobres y sencillos. Ése es su deber, ahora más apremiante en cuanto que, durante el último medio siglo, se ha abierto una brecha cada vez más grande entre lo que llaman el Jesús histórico y el Cristo de la fe, distinción que introdujo en los ámbitos católicos la exégesis histórico-crítica protestante. Una cosa sería Jesús, el hijo de María, y otra, muy diversa, Cristo, el Señor glorioso predicado por la Iglesia. Éste sería creación de la comunidad creyente, mientras que aquél, el histórico, prácticamente habría desaparecido. El abismo entre ambos llegó a crecer tanto que ya no hay coincidencia posible. Pero al exégeta protestante esto poco le importa, pues en su teología lo que salva es la fe, sin carne ni historia. Es la teoría de la sola fides, la sola fe, llevada hasta el extremo. Con razón el Papa se pregunta: «¿Qué valor puede tener la fe en Jesucristo, en Jesús el Hijo de Dios viviente, si el hombre Jesús era totalmente distinto de como lo presentan los evangelistas y de como, a partir de los Evangelios, lo anuncia la Iglesia?». El Papa se echa a cuestas la tarea de recorrer los pasos más importantes de la vida de Jesús y, con un análisis riguroso de los Evangelios y de la Escritura, va mostrando no sólo lo absurdo de la tesis arriba descrita, sino la grandeza y la belleza de la persona y obra de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. La pregunta que no ha podido responder ningún racionalista es: ¿Cómo un maestro de moral, un rabbí entre tantos, un líder social pueblerino o un revolucionario exaltado pudo ser objeto de una condena de muerte de consecuencias tan graves para la humanidad y para la historia, si éste no hubiera sido algo más que un hombre, el Hijo de Dios? Jesús es una pregunta abierta que exige una respuesta. Invito a los católicos (y también a los que no lo son), especialmente a los despistados a causa de tanta basura publicitaria, a que aborden con valentía intelectual esta obra de Joseph Ratzinger para que descubran la penetración de su pensamiento, la seriedad de la investigación, la solidez de la fe, la belleza de Jesucristo y el compromiso que implica ser su discípulo. Sugiero que comiencen con una mirada al índice bibliográfico y puedan apreciar posteriormente, durante la lectura, la maestría con que el Papa navega por ese mar borrascoso de la exégesis bíblica moderna. Nos señala que esta obra «no es un acto de su magisterio» como Pontífice, sino «una búsqueda personal del rostro del Señor», que se ha manifestado en Jesucristo. Agradecemos al Papa compartirnos tan rica experiencia. |