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AL MARGEN...

Una de las experiencias que más daño hacen en toda comunidad es la del mal ejemplo, y la del consecuente "¡ya ves!" que viene el enemigo -- el diabolon, "el que divide" -- a soplarnos al oído.
Por Juan Carlos Moreno Romo
Una de las experiencias que más daño hacen en toda comunidad es la del mal ejemplo, y la del consecuente "¡ya ves!" que viene el enemigo -- el diabolon, "el que divide" -- a soplarnos al oído. Te esforzabas en respetar las reglas que te habían inculcado tus mayores, y un buen día te das cuenta -- o eso te hace creer el enemigo -- de que tu padre, madre, hermano mayor, maestro o jefe, que el sacerdote mismo no las respeta. "¡Ya ves!", te dice el diablo, y te incita a obrar de igual modo.
Si los que parecían sostener el mundo "en realidad" no lo sostienen, tú tampoco lo debieses sostener. ¿Pero, entonces, por qué el mundo se mantiene en pie? Por puro milagro, respondería acaso el autor de El Decamerón. Y tendría razón: el mundo está ahí delante, y se mantiene en pie, sin derrumbarse, por la gracia de Dios.
La gracia de Dios es tan grande que nos permite, a pesar de las miserias y de las infidelidades, cooperar en su obra que, gracias a su infinita generosidad, es la obra de todos y de cada uno: la de la Iglesia de Dios.
El "señor de este mundo" no soporta la virtud. ¡Hay que ver con cuánto júbilo, y con cuán poca caridad han dado cuenta los medios de los recientes casos de pedofilia en que han incurrido algunos sacerdotes católicos, especial y significativamente en EU!
¿Qué se demuestra, cuando se nos señala que lo somos, a quienes al inicio de cada Misa nos confesamos pecadores? Jesús venció a Satanás y por eso todos los pecadores de este mundo, cada uno incapaz de vencer al enemigo con las propias fuerzas, podemos asociarnos a su victoria.
Si el mundo no se cae cuando nuestro padre, madre, esposa, esposo, o cuando el sacerdote falla, es porque no nos falla Jesús, que carga el mundo en hombros como cargó su cruz, y que nos invita a cargarlo con Él, como en el supremo momento en cierto modo invitó a ello a Simón de Cirene.
Si ves, hermano, que el mundo se cae, préstale tu hombro a Jesús, y levanta la cruz ahí donde veas que la ha dejado caer alguno de tus mayores; cuando veas eso, es que tú eres ahora un Simón de Cirene y que Jesús te está pidiendo ayuda.
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