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DESDE EL VATICANO

Recibe a Su Santidad Karekin II, Patriarca Supremo y Catholicos de todos los Armenios
Por Sandra Ramírez / Exclusivo para El Observador
Ante más de 20 mil personas en la plaza de San Pedro, el Santo Padre, Benedicto XVI, renovó su compromiso por buscar la unidad entre cristianos.
Durante la audiencia general del 7 de mayo, días antes de la fiesta de Pentecostés, el Papa recibió a Su Santidad Karekin II, Patriarca Supremo y Catholicos de todos los Armenios. «Estos días (...) nos estimulan a avivar la esperanza en la ayuda del Espíritu Santo para avanzar por el camino del ecumenismo». La presencia del patriarca, subrayó el Pontífice, «reaviva la esperanza de la unidad plena entre todos los cristianos».
Relanzó la urgencia por la búsqueda de la unidad entre cristianos y recalcó la centralidad de la oración en el movimiento ecuménico, porque «en este momento de globalización y, al mismo tiempo de fragmentación, si no hay oración, las estructuras, las instituciones y los programas ecuménicos estarían privados de su corazón y de su alma». Por su parte, Karekin II explicó que su visita a Roma era para dar testimonio del «amor divinamente ordenado entre las Iglesias católica y armenia».
La Iglesia armenia se separó de la Iglesia católica en el año 451, tras el concilio de Calcedonia. En 1996 Juan Pablo II y el anterior patriarca apostólico armenio, Karekin I, firmaron una declaración conjunta que superaba malentendidos sobre la naturaleza de Jesús, un paso importante para superar esta división.
Benedicto XVI afirmó que Cristo pide a los cristianos que perseveren en la oración para mantener encendida la llama de la fe, el anhelo de la unidad plena, la esperanza y la caridad.
El amor une religiones
«A pesar de que en la historia hemos recorrido diferentes caminos y vivido diferentes experiencias espirituales, somos hijos del único Dios y todos somos hermanos y hermanas en su santo amor», añadió el patriarca.
Unidad en la diversidad: la fuerza del Espíritu
El Espíritu Santo, explicó el Papa, es la fuerza que une la existencia humana, perdona los pecados y renueva los corazones. «Tenemos la certeza de que el Señor no nos abandona nunca en la búsqueda de la unidad -- explicó Joseph Ratzinger -- porque su Espíritu obra incansablemente para sostener nuestros esfuerzos encaminados a superar cualquier división».
Benedicto XVI concluyó la catequesis con los frutos del Espíritu Santo: caridad, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y continencia. «¡Estos son los dones del Espíritu que invocamos también nosotros hoy para todos los cristianos, para que en el servicio generoso y común al Evangelio, sean en el mundo signo del amor de Dios por la humanidad!».
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