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Escrito por María Velázquez Dorantes   
Domingo 18 de Mayo 2008

¿POR QUÉ ME HICE SACERDOTE?
«De niño quería ser médico por tratarse de una profesión altruista parecida a la del sacerdote»

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Entrevista al padre Faustino Corchuela Alfaro, un colombiano de la Orden de Predicadores (padres dominicos)

Por María Velázquez Dorantes

El padre Faustino Corchuela Alfaro nació en un pueblo muy cercano a Bogotá, llamado Chía, el 20 de abril de 1942.

¿Cómo fue el llamado para su vocación sacerdotal?
«Mi vocación sacerdotal la puedo resumir así: como se estilaba por ese entonces, todo aspirante al sacerdocio ingresaba a un seminario menor. Yo lo hice al de los padres dominicos. Alli hice mi bachillerato. A finales del año 1959 ingresé al noviciado y luego cursé los estudios de filosofía y teología en Bogotá para culminar ordenado presbítero en el año de 1968 de manos del papa Pablo VI cuando visitó a Colombia. Hice mi maestría en teología en la Universidad Pontificia Javeriana. Años más tarde iría a Fribourg, en Suiza, a cursar estudios de doctorado en teología moral, y posteriormente un semestre en la Escuela Bíblica Arqueológica de Jerusalén. Mi apostolado sacerdotal lo he ejercido fundamentalmente en el campo de la educación; en los primeros años de experiencia sacerdotal en colegios y últimamente (desde hace 20 años) en la universidad. También fui formador de los religiosos filósofos y teólogos por espacio de siete años. En la Universidad Santo Tomás he colaborado en las funciones como profesor, decano, vicerrector académico y como rector en una Seccional».

¿En qué momento de su vocación sacerdotal ha sentido perder las fuerzas y cómo las ha recuperado para continuar?
«Gracias a Dios no he tenido ninguna crisis desestabilizadora. Problemas, naturalmente que los ha habido; por ejemplo, el no compartir ciertas ideas, o pequeños roces en la convivencia pero fácilmente superables».

¿Qué experiencias han marcado su vida como sacerdote?
«El don de la palabra, a través de las clases, conferencias, homilías, deja la sensación de cierta satisfacción de poder hacer el bien, al esclarecer la mente de tanta gente que tiene ideas erróneas, prejuicios o ganas de desentrañar la verdad de las cosas o comprender la condición humana y lo que va sucediendo en el curso de la historia».

¿Qué profesión hubiese escogido si no fuera sacerdote y por qué?
«Desde niño yo pensaba y quería ser médico, porque considero que se trata de una profesión altruista y con una misión muy parecida a la del sacerdote».

¿Hoy cómo observa la situación de las vocaciones sacerdotales?
«Yo diría que se ve de todo: sacerdotes jóvenes abnegados, bien preparados, con sensibilidad social, que convencen; otros, mediocres, sin mucha teología, que no preparan las homilías, con espíritu mundano, y que escandalizan por sus actitudes».

¿Qué requisitos podría señalar para ser un buen sacerdote?
«El sacerdote de hoy y de siempre debe ser un testigo del Evangelio, coherente en su vida con lo que dice y hace, con mucha sensibilidad ante los problemas sociales y morales que vive el hombre contemporáneo; alguien quien convence por su palabra y el testimonio de vida»


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