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¿POR QUÉ ME HICE SACERDOTE? «De niño quería ser médico por tratarse de una profesión altruista parecida a la del sacerdote»

Entrevista al padre Faustino Corchuela Alfaro, un colombiano de la Orden de Predicadores (padres dominicos)
Por María Velázquez Dorantes
El padre Faustino Corchuela Alfaro nació en un pueblo muy cercano a Bogotá, llamado Chía, el 20 de abril de 1942.
¿Cómo fue el llamado para su vocación sacerdotal? «Mi vocación sacerdotal la puedo resumir así: como se estilaba por ese entonces, todo aspirante al sacerdocio ingresaba a un seminario menor. Yo lo hice al de los padres dominicos. Alli hice mi bachillerato. A finales del año 1959 ingresé al noviciado y luego cursé los estudios de filosofía y teología en Bogotá para culminar ordenado presbítero en el año de 1968 de manos del papa Pablo VI cuando visitó a Colombia. Hice mi maestría en teología en la Universidad Pontificia Javeriana. Años más tarde iría a Fribourg, en Suiza, a cursar estudios de doctorado en teología moral, y posteriormente un semestre en la Escuela Bíblica Arqueológica de Jerusalén. Mi apostolado sacerdotal lo he ejercido fundamentalmente en el campo de la educación; en los primeros años de experiencia sacerdotal en colegios y últimamente (desde hace 20 años) en la universidad. También fui formador de los religiosos filósofos y teólogos por espacio de siete años. En la Universidad Santo Tomás he colaborado en las funciones como profesor, decano, vicerrector académico y como rector en una Seccional».
¿En qué momento de su vocación sacerdotal ha sentido perder las fuerzas y cómo las ha recuperado para continuar? «Gracias a Dios no he tenido ninguna crisis desestabilizadora. Problemas, naturalmente que los ha habido; por ejemplo, el no compartir ciertas ideas, o pequeños roces en la convivencia pero fácilmente superables».
¿Qué experiencias han marcado su vida como sacerdote? «El don de la palabra, a través de las clases, conferencias, homilías, deja la sensación de cierta satisfacción de poder hacer el bien, al esclarecer la mente de tanta gente que tiene ideas erróneas, prejuicios o ganas de desentrañar la verdad de las cosas o comprender la condición humana y lo que va sucediendo en el curso de la historia».
¿Qué profesión hubiese escogido si no fuera sacerdote y por qué? «Desde niño yo pensaba y quería ser médico, porque considero que se trata de una profesión altruista y con una misión muy parecida a la del sacerdote».
¿Hoy cómo observa la situación de las vocaciones sacerdotales? «Yo diría que se ve de todo: sacerdotes jóvenes abnegados, bien preparados, con sensibilidad social, que convencen; otros, mediocres, sin mucha teología, que no preparan las homilías, con espíritu mundano, y que escandalizan por sus actitudes».
¿Qué requisitos podría señalar para ser un buen sacerdote? «El sacerdote de hoy y de siempre debe ser un testigo del Evangelio, coherente en su vida con lo que dice y hace, con mucha sensibilidad ante los problemas sociales y morales que vive el hombre contemporáneo; alguien quien convence por su palabra y el testimonio de vida»
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