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Pregunta: Durantes las persecuciones los mártires han preferido que los maten antes de negar que son católicos. ¿No hubiera sido mejor simular que niegan su fe en ese momento para salvar la vida y regresar con su familia? Gustavo
Respuesta: Desde un punto de vista práctico, podemos pensar que habría sido mejor para los mártires echar una mentira impía, salvar el pellejo y seguir después cuidando a su familia y llevando a cabo su labor evangélica. Podemos pensar que habrían dado un mejor servicio a la sociedad. Sin embargo, la decisión tomada por ellos en el nombre de Cristo, y el festejo que de ellos hace la Iglesia, nos indican que esa no habría sido la opción adecuada.
Los hombres modernos tenemos todos algo de mundanos. Llevamos demasiados años de educación y propaganda antirreligiosa y materialista, es decir «secularismo». Estamos demasiado aferrados a esta vida y sus placeres, y consideramos práctico el tratar de conservarlos a toda costa. Jesús, por su parte, nos dice: «quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por Mí, la encontrará» (Mt 16, 25). No es que Dios sea impráctico, sino que Él juzga en perspectiva de eternidad. El mártir no busca la muerte, porque eso sería suicidio, sino que la acepta si Dios se lo otorga.
Según los entendidos, el martirio es un don. ¿Por qué? No es que a Jesús le agrade el dolor de sus hermanos, sino que el martirio es una muestra patente de amor y fidelidad: «Por todo aquel que se declare por Mí ante los hombres, Yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los Cielos» (Mt 10, 32). Se vale escapar, esconderse, alejarse, pero no se vale negar a Cristo. De hecho sabemos del amor de Dios porque Cristo murió por nosotros.
Para el mártir, el martirio es el camino más directo. La Iglesia, con su autoridad y sabiduría, le otorga al mártir un pase automático. El libro del Apocalipsis reconoce como el mejor boleto al Cielo el derramar la sangre por Cristo: «Ellos lo vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de testimonio que dieron, porque despreciaron su vida ante la muerte» (Ap 12, 11). Entre los mártires de la persecución en México, en varios se escucharon expresiones como: «Ahorita el Cielo está fácil», «Ahora el Cielo está barato».
Para el tesoro de la fe el martirio es invaluable. La mejor prueba que tenemos de la veracidad de los Evangelios es el martirio de los primeros testigos. «La sangre de los mártires es semilla de vida cristiana», dijo Tertuliano en el siglo III. La historia lo comprueba: donde ha habido persecuciones la Iglesia a la larga ha resultado fortalecida. Ninguna obra de caridad o de evangelización tiene la fuerza testimonial de un sacrificio. El mejor ejemplo lo tenemos en Cristo.
Walter Turnbull
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