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Escrito por Jaime Septién
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Domingo 11 de Mayo 2008 |
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PÓRTICO 
María es el camino para desmentir errores, corregir desviaciones y descontaminar de falsedades la (amenazada) fe en Cristo que tanto padece el mundo moderno.
Por Jaime Septién
El nuevo libro del periodista italiano Vittorio Messori, autor del best-seller mundial Hipótesis sobre Jesús, viene muy bien este mes de mayo, en el que dedicamos nuestra oración y las flores de nuestro cariño a la madre de Dios, la santísima Virgen María.
En la misma línea de sus investigaciones histórico-periodísticas, Hipótesis sobre María aporta hechos, indicios y enigmas sobre «la mujer que más impacto cultural y social ha tenido en la historia de la humanidad». Messori, con mano maestra, nos introduce en el misterio del silencio que es María; en los múltiples caminos que ha recorrido su fama —desde protectora de los pobres hasta reina de los etíopes— y en su impresionante actualidad.
La tesis del libro es la siguiente: María es el camino para desmentir errores, corregir desviaciones y descontaminar de falsedades la (amenazada) fe en Cristo que tanto padece el mundo moderno. La Madre es decisiva en la vida de Jesús, del cristianismo y de la fe. Porque la Madre es la expresión humana de Dios hecho hombre. Una expresión que todos compartimos. Y que refleja el Amor del Creador a sus criaturas. El Amor con mayúscula.
En María —lo dice Messori a lo largo de las 458 páginas de que consta el libro— se da el encuentro de la piedad popular (la viejecita doblada ante las cuentas del Rosario) y de la conversión «culta» (el intelectual que la tiene por intercesora en su vuelta a la Iglesia: Chesterton o Paul Claudel); de las procesiones y las peregrinaciones a sus santuarios (por ejemplo, el de Guadalupe, el más visitado del mundo) y el de los científicos (como los que estudian sus milagros en Lourdes o el ayate de san Juan Diego).
María es la mujer fuerte del Evangelio, la mujer firme que nos impide la dejadez, la abulia, el conformismo y la infidelidad para con Jesús. Es aquella que siempre, en cualquier tribulación o alegría, nos susurra las mismas palabras que dijo a quien servía el vino en las bodas de Caná: «haz lo que él te diga». Si la escuchamos, ganaremos el único premio que vale la pena: la vida eterna. |