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La dictadura del relativismo, tentación peligrosa PDF Imprimir Correo
Escrito por Martín Lohman   
Domingo 02 de Septiembre 2007

¡EUROPA POR CRISTO!

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¿Hay una verdad?, ¿hay todavía una verdad hoy? ¿Hay también algo como LA verdad? Ignorando las profecías catastrofistas, la verdad se abre camino hasta el hombre moderno.

¿Hay una verdad?, ¿hay todavía una verdad hoy? ¿Hay también algo como LA verdad? Ignorando las profecías catastrofistas, la verdad se abre camino hasta el hombre moderno.

Sí, e incluso por encima de todo, el hombre ilustrado del tercer milenio busca la verdad y desea abrazarla. Siempre son las cuestiones antiguas e invariablemente modernas las que el hombre se plantea: ¿cuál es mi origen?, ¿a dónde voy?, ¿quién soy?, ¿en qué puedo confiar?, ¿qué es válido?, ¿qué no es válido?, qué está bien?, ¿qué está mal?, ¿existe un Dios?

Tal vez sean éstas las preguntas más humanas. No obstante, el que las hace vive a veces en una sociedad donde el miedo a la claridad y a la verdad se encuentra muy extendido. En una sociedad como la europea todo aquel que busca la verdad está considerado como un elemento molesto. ¿Verdad, claridad? ¿Podrían, incluso, tener consecuencias en nuestros actos? No, gracias, es la respuesta que obtienen quienes se arriesgan a profundizar. En esos casos se prefiere decir que no puede haber una sola verdad. Y de este modo se difunde el error de que sólo es tolerante aquél para quien todo es igual y que, además, relativiza su propia posición. En realidad, «tolerar» viene del latín tolerare, que quiere decir «llevar», «soportar». No se trata aquí de relativizar. Al contrario, es tolerante quien soporta el error del prójimo, pero no le oculta que está en un error.

Al principio puede parecer agradable el rehuir las consecuencias de la propia vida, no comprometerse, darlo todo por válido y no válido. Pero, al final, esta actitud es profundamente inhumana y alienante, pues la libertad de algo y la libertad para algo o para alguien sólo se realiza cuando se reconoce la verdad y la claridad. Aquí, de hecho, no hay nada que relativizar. Porque la verdad es siempre completa y nos hace completos. A todos y a cada uno.


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