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REPORTAJE 
La libertad religiosa, un derecho humano fundamental: Benedicto XVI en la ONU
Por Gilberto Hernández García Benedicto XVI ha visitado los Estados Unidos de América en su octavo viaje pastoral fuera de Roma, del 15 al 20 de abril. Además de los encuentros que sostuvo con el episcopado norteamericano, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y jóvenes, así como las multitudinarias celebraciones eucarísticas en los estadios de los Nationals y los Yankees, destacaron dos actos por demás trascendentes: la visita a la llamada Zona Cero y el discurso pronunciado en la sede de la Organización de las Naciones Unidas. Paz para un mundo violento En Nueva York, en el sitio donde los terroristas estrellaron dos aviones contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, Benedicto XVI no pronunció ningún discurso, sólo se arrodillo y rezó un momento en silencio. Después dijo una plegaria en la que recordó a todas las víctimas del World Trade Center, así como de los atentados contra el Pentágono y del avión que se estrelló en Pensylvania. En su oración pidió que aquellos “cuyas mentes y corazones están nublados por el odio” regresen a la senda del amor; oró para que la paz llegue “a nuestro mundo de violencia, al corazón de todos los hombres y mujeres y entre las naciones de la Tierra”. En el mismo acto Su Santidad recibió a 16 personas que perdieron algún familiar en la tragedia, a cuatro rescatistas y cuatro sobrevivientes del atentado. La Iglesia sigue con interés el trabajo de la ONU En la sede de la Organización de las Naciones Unidas, el Papa resaltó el importante papel que juega el organismo en el concierto de las naciones, en la búsqueda de la paz, la justicia, el respeto de la dignidad de la persona, la cooperación y la asistencia humanitaria, “cuestiones que la Iglesia católica y la Santa Sede siguen con atención e interés”, sobre todo cuando se constata “la manifiesta paradoja de un consenso multilateral que sigue padeciendo una crisis a causa de su subordinación a las decisiones de unos pocos, mientras que los problemas del mundo exigen intervenciones conjuntas por parte de la comunidad internacional”. El sucesor de Pedro abordó de manera enfática el tema de los derechos humanos, que se basan, dijo, en la ley natural inscrita en el corazón del hombre, y cuya universalidad, indivisibilidad e interdependencia sirven como garantía para la salvaguardia de la dignidad humana. “Sin embargo, es evidente que los derechos reconocidos y enunciados en la Declaración se aplican a cada uno en virtud del origen común de la persona, la cual sigue siendo el punto más alto del designio creador de Dios para el mundo y la historia”. Los derechos humanos, por encima de cualquier relativismo El Papa alertó sobre el riesgo de arrancar los derechos humanos de su contexto, lo que “significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual el sentido y la interpretación de los derechos podrían variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos”; por tal razón abogó para que no se permita “que esta vasta variedad de puntos de vista oscurezca no sólo el hecho de que los derechos son universales, sino que también lo es la persona humana, sujeto de estos derechos”. En este tenor, invitó a reconocer que una visión de la vida enraizada firmemente en la dimensión religiosa puede ayudar a conseguir el pleno reconocimiento de la dignidad del hombre, puesto que “el reconocimiento del valor trascendente de todo hombre y toda mujer favorece la conversión del corazón, que lleva al compromiso de resistir a la violencia, al terrorismo y a la guerra, y de promover la justicia y la paz”. Por eso, expresó, “los derechos humanos deben incluir el derecho a la libertad religiosa, entendido como expresión de una dimensión que es al mismo tiempo individual y comunitaria”. No es necesario negar a Dios Benedicto XVI fue claro al señalar que es inconcebible que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos —su fe— para ser ciudadanos activos. «Nunca debería ser necesario negar a Dios para poder gozar de los propios derechos», dijo. Destacó que no se puede limitar la plena garantía de la libertad religiosa al libre ejercicio del culto, sino que debe considerarse la dimensión pública de la religión y, por tanto, la posibilidad de que los creyentes contribuyan a la construcción del orden social”. ********* Es absurdo profesar la fe sólo los días domingo Del 15 al 20 de abril el papa Benedicto XVI realizó su visita pastoral a los Estados Unidos bajo el lema «Cristo, nuestra esperanza», y que precisamente ha tenido ese objetivo: transmitir esperanza a los estadounidenses en general y a los católicos en particular. Durante sus encuentros tocó temas por demás importantes: la vivencia de cristianismo en un país y una época donde imperan el laicismo y el materialismo, el reconocimiento de la dignidad humana en una sociedad plural, el valor de la familia, la grandeza de la vocación, el daño que han causado los abusos sexuales a menores, entre otros temas. En la Basílica Nacional de la Inmaculada Concepción el Papa cuestionó: «¿Es acaso coherente profesar nuestra fe el domingo en el templo y luego, durante la semana, dedicarse a negocios o promover intervenciones médicas contrarias a esta fe? ¿Es quizás coherente para católicos practicantes ignorar o explotar a los pobres y marginados, promover comportamientos sexuales contrarios a la enseñanza moral católica, o adoptar posiciones que contradicen el derecho a la vida de cada ser humano desde su concepción hasta su muerte natural?». E invitó a resistir a toda tendencia que considere la religión como un hecho privado, porque «sólo cuando la fe impregna cada aspecto de la vida, los cristianos se abren verdaderamente a la fuerza transformadora del Evangelio». G. H. G. |